La Fase final de Se Llama Copla en esta quinta edición está dejando más patente que nunca el divorcio existente que hay este año entre Jurado y Público: no es normal que en 3 galas seguidas entre las candidatas al reto siempre haya dos concursantes con la máxima puntuación, ello «expulsa» automáticamente al concursante con menor puntuación por el simple hecho de que este año tenemos a cuatro concursantes (cinco si incluimos a Ana María) que se han convertido en coleccionistas de 40 puntos gracias a su marcada diferencia con el resto y a las notas tan abultadas que se están dando.

Precisamente las puntuaciones del jurado es algo que ha perdido sentido este año: en la cuarta edición la primera máxima puntuación (30 puntos porque Pive no valoraba a los concursantes hasta la fase final) lo obtuvo Verónica Rojas con «Tatuaje» en la gala 17. Anoche la quinta edición alcanzaba esa gala con un exceso de notas máximas que han provocado que el Jurado pierda su papel y que se les otorguen 10 puntos a determinados concursantes por sistema y perjudicando el desarrollo y (tal vez) la emoción que debe tener el programa. En vez de eso, tenemos galas en que cada se sabe con facilidad que va a pasar: 40 puntos para Jonathan, Álvaro, Cintia, Selina y Ana María y JuanFran de favorito del público. Aburrimiento, resultados previsibles y una quinta edición que continúa un camino errático que parece no tener fin. Y ojo, no queremos decir que esos 40 sean inmerecidos, pero si que en otras ediciones a otros concursantes les costó la propia vida alcanzar la nota máxima como fueron Rosa Marín, Sandra Arco, Nazaret Compaz, Nicolás García, Álvaro Vizcaíno o Patricia del Río por no decir aquellos que nunca lo alcanzaron dejando grandes actuaciones por el camino, casos de Juanma Jerez, Álvaro López o Jonás Campos.

El sábado Raquel Zapico pudo comprobar como esa vorágine acababa con ella expulsada: estaba claro que con Cintia y Ana María de compañeras en el reto poco se podía hacer. Cierto es que la lebrijana no bajó la cabeza en ningún momento y que defendió su reto con la cabeza bien alta (hay que decir que estuvo muy igualado y que las dos hicieron el mejor reto de lo que llevamos de temporada) ya que ella, como dijo al despedirse, fue a buscar su experiencia que llevaba buscando desde la primera edición y que este año ha podido vivir durante dos meses y le ha dado un meritorio octavo puesto, el mismo que alcanzara el año pasado Mila Balsera, otra coplera «de toda la vida» que fue al programa buscando el reconocimiento que tenía en ferias y festivales de muchos pueblos. Final rápido a su andadura, pero menos «agónico» que los de María Carmona y Macarena Soto, al menos Raquel se ha visto arropada por público y jurado en casi todas sus galas.

Con Zapico fuera el programa afronta una ¿recta final? cada vez con menos concursantes y con la incognita de no divisar la final aún. Si es verdad que van a entrar retantes del casting abierto, esto pasaría del cachondeo al esperpento, ya que el grado de improvisación superaría completamente a la última edición de Operacion Triunfo donde el caos ahogó a ese formato. Además, ¿Qué pasa con los expulsados y viernesnocheros que se han quedado por el camino? Meter a gente nueva así como así con la edición tan avanzada y con menos de 10 banquitos es cuando menos una falta de respeto para los que se lo han estado currando, más si eso supone que eso supone a la final. De todas formas: ¿Para qué meter a más gente si ya tenemos muy claro quienes son los mejores de esta edición?