Aquellos que veis todos los Viernes Noche el programa de Luis Muñoz probablemente recordareis a aquel chaval, que se le notaba que era de pueblo, atreverse con “Mi Salamanca” para acabar levantando al público gracias a una voz que recordaba sorprendentemente a Juanito Valderrama. Antes la incertidumbre de no saber como acabaría el programa, muchos queríamos saber que vendría después para ver que pasaba con Manuel Cribaño y, finalmente, el Niño de Peñaflor ha podido ser concursante de la segunda fase y así darse a conocer como artista para el disfrute de los queríamos escucharlo más veces.

Revelación absoluta de esta segunda fase, Manuel se ha amoldado fácilmente a su papel de coplero llano, del que suena cercano y que parece que va cantando por los rincones más reconditos de Andalucía con un temple y un aire de artista campechano y con pocos artificios. Puede que sea esa naturalidad y pureza lo que haya gustado al público, pues si ha habido concursantes donde “el ser de pueblo” ha sido demasiado forzado, en Manuel ha sido algo simple y normal. A esa personalidad que le ha hecho ganarse al público, ha contribuido una serie de actuaciones costumbristas donde ha tenido que desprenderse primero de la etiqueta de “imitador” para después ser el mismo y demostrar que lo suyo no solo es cantar bien cuatro coplas bien conocidas, de ahí que empezase algo “bajo” y después fuese ganando enteros en el jurado conforme pasaban la semana.

Antítesis total de Álvaro Díaz, es ese niño de Peñaflor que nos ha maravillado a todos por ese aire antiguo-vintage pero para nada rancio. De sus actuaciones nos quedamos con “Campanera” donde vimos que si tiene personalidad y que puede hacer que nos olvidemos de versiones previas a esa canción:

A Favor: voz particular y distinta respecto al resto de concursantes. Y mucha personalidad, tanto de artista como persona.

En Contra: no terminamos de acertar en como lo tratará el jurado en esta fase eliminatoria…