Muchos la recordamos de aquella segunda edición en la que no logró ser concursante y desde entonces nos hemos quedado con ganas de verla con un banquito. 3 años después, Tamara Beardo volvió al programa como retante «anónima» y consiguió ser concursante en la segunda fase de esta edición de Se Llama Copla donde la hemos podido ver y cantar como no pudo ser hace 3 años.

Integrada completamente entre esta nueva tanda de concursantes, Tamara ha ido alternando (gracias Pive) los temas más sobrios con los más alegres, pudiendo ver a una cantante con una voz muy bien preparada a la vez que nos ha mostrado a una gaditana con esa chulería especial y ese arte que tienen la tasita de plata. Una conjunción de varios elementos que han hecho de Tamara una cantante con muchas aptitudes para destacar por sí sola en el programa, para construir actuaciones que se disfruten y se redescubren cuando se vuelven a ver y que, sin ser favorita, ya logra dejar el pabellón bien alto. A su favor también juega el hecho de haber tenido que estrenar (o re-estrenar) en el programa muchas canciones que, como si de un abanico se tratase, nos han mostrado a una cantante versátil, con facilidad para adaptarse a cualquier estilo y que sabe crecerse aunque la canción, a priori, no sea la que todos quieran cantar.

Entre los estrenos que ha tenido Tamara resalta, especialmente para el que esto escribe, «Con el alma en los labios» una gran canción que ha tardado cinco años en ser cantada en el programa y que la gaditana supo estrenar y hacer suyo, siendo capaz de neutralizar su acento y cantando en una escala más melódica que coplera. Con ese estreno os dejamos hoy:

A Favor: buena voz, presencia escénica, mucho salero y versatilidad para cualquier estilo de canción.

En Contra: tanto el jurado como el público son inestables con ella. Lo mismo la ponen por las nubes que la dejan última.