Laura Gallego durante el concierto

Laura Gallego estrenó ayer en el teatro Lope de Vega de Sevilla “A Flor de Piel“, su nuevo espectáculo musical que se podrá ver también hoy, día 15 de mayo, en el mismo escenario. En esta nueva etapa Laura vuelve a recurrir a los tres grandes géneros que tantos éxitos le han reportado: Copla, Flamenco y Baladas. Un trío ganador que permiten a la del Algar contentar a un público siempre entregado y que muestran su versatilidad innata ya que lo de Laura no es lo mejor ni lo peor, simplemente es Laura y lo hace a su manera.

El espectáculo, al que acudieron muchos copleros como Fran Doblas, Álvaro López, Gloria Romero, Jonás Campos, Álvaro Rey, Inma de Herves o Carolina Barroso, comenzó con los acordes de “Ojos Verdes” a piano pero rápidamente cambiaron por los de “La Copla en mi voz“, tema con el que Laura hizo acto de presencia (con Patricia Vela entre el público, por cierto) pero que después se vio que fue el número más flojillo de todo el concierto, ya que no hizo una buena entrada y en el segundo estribillo más de lo debido. Este pequeño traspiés quedó en nada con las dos siguientes actuaciones: “Triana, Triana” y “La Gente” fueron dos demostraciones de poderío y de casta, del magnetismo que Laura tiene con el escenario, de como su energía se transforma en arte natural haciendo que nunca le salgan dos actuaciones iguales. A la gran versión del clásico de Marifé le siguió “La Remanguillé” de Gracia Montes con el que volvimos a ver a esa Laura fresca y con un punto canalla que tanto le gusta sacar afuera (y que servía de adelanto al cuadro siguiente).

Antes de ponerse farruca, Laura nos ofreció otro cuadro coplero que inició con una sorprendente versión de “Cinco Farolas“, poco comedida pero muy bien interpretada. Le seguirían sendas sorpresas primero con su versión de “La Tirana“, un clásico latinoamericano al que Laura le dio un toque intimista y recogido, y después con el estreno de unas sevillanas compuestas por Enrique Casella y dedicadas a Sevilla que Laura cantó acompañada solo con el piano. El final del primer acto vendría con una recreación de “Ojos Verdes”, también a piano,  que fue de las actuaciones más aplaudidas gracias al sentimiento y a la delicadeza que Laura le impregnó a la canción.

Tras el descanso vendría el cuadro flamenco en el que Laura apareció muy bien vestida para la ocasión con un vestido de Amparo Maciá, diseñadora que casi siempre se encarga de vestirla. Este acto lo comenzó versionando “La Loba” incorporando la parte recitada de la canción y en el que Laura fue de menos a más: de decadente, sentada y apagada al comienzo a enérgica, poniéndose en pie con autoridad y vital conforme se acercaba al final. Otro de los grandes números de la noche vendría con “Vino Amargo“. Y es que, por algún motivo, la voz de Laura Gallego no es el mejor ejemplo de voz con técnica, domada y trabajada, pero siempre gana en las distancias cortas y con poco acompañamiento. Si en “Ojos Verdes” el piano era su mejor compañero, en “Vino Amargo” sería la guitarra la que le daría la altenartiva. Tal vez sea la emoción, el sentimiento, el quejío o simplemente su personalidad, pero gusta de escuchar a Laura Gallego cantando sin apenas música que la arrope ya que su voz llena bastante cada canción. Lo más flamenco de la noche fue “No me importan lo que digan“, unas bulerías de Pansequito con las que se acabaría la seriedad pues tras esto Laura se dirigió al público para pedir su colaboración para cantar “Canción del Olé“, haciendo ensayos previos y midiendo tanto la fuerza como la rapidez del personal para incorporarse a la canción con la guasa propia de la artista que vino a demostrar, una vez más, la química que siempre tendrá con los suyos. La parte flamenca terminaría con un homenaje a Cantares: le tocaba cantar “Tío, Tío, Tío” y el recuerdo a la rumba flamenca de los setenta pudo quedarse ahí. Pero no. Laura pidió al público que se levantase y que bailase mientras ella cantaba. Esperó a que todos se levantaran para empezar el número pero, conforme avanzaba la canción, todos empezaron a sentarse hasta que, al finalizar el primer estribillo, la Gallego paró el número para preguntar porque nadie permanecía de pie. Para los que no estuvisteis fue un momento no previsto pero que al final quedó calcado a este otro de Isabel Pantoja en Cantares mientras cantaba “Garlochí”.

La parte final del concierto venía dedicada a las baladas pero empezó con “El Zorongo“, una bellísima pieza de García Lorca (muy conocida por los copleros) en el que la elegancia y la sensibilidad de Laura contrastaban con las anteriores actuaciones y nos anticipaban una Laura más madura y más mujer para el fin de fiesta. Le seguiria “Te Quiero y Quiero” donde el poderío vocal de la Gallego encontraría su partenaire ideal en el cuerpo de Pedro Centeno. Si el sentimiento de ella procedía de su voz, la expresión corporal de Pedro era un relato de derrota, una rendición frente a aquello que Laura le cantaba. Ya sabíamos de la química de ambos pero lo de esta noche es sencillamente indescriptible (esperemos que alguien lo suba a Youtube para los que no hayáis estado podáis verlo) y que el público recompensó poniéndose en pie. “Ese hombre” y “Que sabe nadie” fueron las dos actuaciones con los que el concierto llegaría a su fin. Si en la de la Jurado Laura se puso enérgica (ella prefirió decir cabreada), en la de Raphael sorprendió la falta de carácter y que optase por darle un toque más dulce y menos altivo para un tema que a muchos gusta de cantar imitando al artista jienense.

Tras despedirse del público, con las luces encendidas y todo el mundo de pié, sonaron casi por sorpresa los acordes de “Mi Niña Lola“. Debió de ser muy inesperado ya que casi todos tardaron en reaccionar y volver a sentarse, pero quedaba ese agradecimiento especial de Laura y lo hizo cantando una de las coplas que mejor canta en el pasillo de butacas, más cercana y unida que nunca a su público y al que le brindó este tema con el que, ahora si, pondría fin al inicio de esta nueva andadura.

Un año después de estrenar espectáculo en el Lope de Vega, Laura Gallego vuelve a hacerlo en el teatro sevillano ante un publico fiel y entregado que no sale decepcionado. Como hemos dicho al comienzo, la Gallego tiene algo que, haga lo que haga, sabes que lo hace a su manera. Nunca sabremos si lo hace mejor o peor, pero su sello como artista hace que el resultado siempre deje muy buen sabor de boca.