Dorantes acaba de presentar su nuevo disco, titulado “Sin muros” y en el que colaboran artistas de la talla de Enrique Morente, Miguel Poveda o Arcángel, entre otros.

Si hay un refrán que define la valía de Dorantes es aquel que dice que “de casta le viene al galgo”. Perteneciente a una de las familias flamencas con más solera. Hijo del guitarrista Pedro Peña, sobrino de el Lebrijano, nieto de la Perrata… y así hasta completar un árbol genealógico sin fin lleno de arte y compás.David Peña se aleja de la fusión para apostar por la creación, en un intento según cuenta “de hacer un banquete musical en el que poder experimentar libremente en la composición”. Once temas en los que se arrima al jazz, la guajira, la música clásica y la contemporánea. Él, que ha dotado al piano flamenco de un sonido propio, y al igual que hacen los grandes, no descansa y al tiempo que promociona su último trabajo discográfico, prepara actuaciones fuera de nuestras fronteras.

 

Qué suerte la suya la de haber podido interpretar al alimón con Poveda, Morente o Arcángel…

Tengo que darles doblemente las gracias. Primero por decirme que sí y lo segundo por dejarme hacer lo que quería. Pero haber tenido sus voces en mis manos ha sido una gran responsabilidad. Al final, creo que he respetado sus almas y la identidad de cada uno.

¿Con qué se queda de esas colaboraciones?

Ha sido bonito compartir estudio, cafés y sentir que la creatividad fluía en la habitación. En el caso de Enrique Morente, nunca olvidaré las charlas en su casa de Granda hasta las tantas hablando de música. Morente fue un señor muy elegante, inteligente y amable. Yo ya puedo decir que estuve en la casa de un genio.

En este disco además incluye “Errante”, una composición dedicada al Cristo de los Gitanos.

Es algo que viene de muy atrás. Me encantaba como mi tía tocaba las palmas por tangos. Luego conocí al capataz de los Gitanos y me enamoré de su forma de hablar a los costaleros. Ambas cosas me dieron qué pensar sobre cómo se expresan los sentimientos en Semana Santa y le regalé a la hermandad una marcha que se ha estrenado este año. Escuchar mi música rebotando en las paredes en la Madrugá fue algo muy bonito.

Y con ello demostró una vez más que cuando parecía que todo estaba inventado, llega y le da una vuelta de tuerca al flamenco. ¿Tiene esa sensación?

No soy consciente ni tampoco creo que haya inventado nada; sólo he dado mi toque, mi visión al flamenco. Antes, el piano era un mueble, pero el mueble se convierte en flamenco si lo toco yo. Eso y explicar que yendo al conservatorio se puede ser igual de flamenco que el que no va, han sido mis luchas. Siempre he hecho lo que he querido hacer, aunque eso haya supuesto haberlo pasado mal y bien.

Sin embargo, a la primera le salió bien. Fíjese en “Orobroy”.

Fue mi primera obra y me ha dado muchas satisfacciones. Está en la calle, en la gente, en sus móviles… y no hay mayor recompensa para un compositor que las personas hagan suya una canción.

Perteneciendo a la familia a la que pertenece, supongo que no le fue difícil, pero… ¿qué otras condiciones precisa un artista para que los flamencos le abran a uno las puertas?

Mi familia me ha ayudado porque ha sido mi conservatorio natural. Pero ahí no puedes quedarte nunca. Un músico tiene que tener alma, inquietud por aprender, lanzarse a lo nuevo… También tiene su contrapartida. Por venir de donde vengo me lo he tenido que merecer. Si hubiese sido flamenco puro, a lo mejor hubiera sido más fácil pero al haber escogido el piano, hice algo disonante con la tradición familiar.

¿Perdió esencia el flamenco cuando salió de la marginalidad?

No. Era necesario que saliera de ahí y que estuviese en los teatros y en los conservatorios. Los músicos flamencos debemos tener una formación para hacer cosas nuevas y crear nuevos enfoques. Los niños incluso deberían aprender flamenco en las escuelas. Con ello no se pierde nada. Al contrario, gana.

Próximamente participará en el festival de jazz de Montreal. ¿Cómo se vive su música fuera de nuestras fronteras?

La gente suele ser muy receptiva. Entienden que no es un flamenco ortodoxo, pero les gusta. Este disco, por llamarse “Sin muros”, está sirviendo además para tocar en sitios con un toque romántico especial. Por ejemplo, hace poco estuve en Qatar tocando para los refugiados de Libia y poco antes en Sarajevo en la inauguración de un monumento a los soldados españoles que han muerto en la guerra.

¿Qué plazas son más difíciles de conquistar, las españolas o las extranjeras?

Depende del momento y de la gente. En cualquier sitio corres el riesgo de no llegar o llevarte la sorpresa del aplauso.

 

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