Rocío Márquez tiene la mirada limpia como aquellos que hablan de corazón. Cuando responde a las preguntas, respira hondo y mira a través de la ventana el paso del río Guadalquivir, verdoso como los ojos de la cantaora onubense -Lámpara minera en 2008- que hoy presenta en el teatro Quintero (Sevilla) su primer disco: “Claridad”. Se trata de nueve temas en los que demuestra el dominio de los palos más rítmicos y ortodoxos del flamenco.

Aunque joven, cuenta con una larga trayectoria en el directo. ¿Cómo se ha sentido al encerrarse en un estudio de grabación?

Ha sido una experiencia preciosa de la que he aprendido mucho. El estudio es duro porque es como tener un espejo enfrente, pero estar bajo la producción de José Luis Garrido y la  guitarra de Alfredo Lago ha ayudado a que este proceso de aprendizaje sea muy interesante.

Estrena un disco en el que no ha querido delegar la composición en otras personas, ¿no es así?

Quería que fuese algo muy mío. De hecho no hay ningún tema del disco que no refleje un momento de mi vida. “Infancia”, que es una jotilla de Aroche y fandangos refleja la época en la que me crié en Cortegana, cuando escuchaba a mi madre y a mi tía cantando en Navidad con la botella de anís; “Nana para Rocío”, dedicada a mi sobrina o “Claridad” es una bulería homenaje a la Perla, a Vallejo y a todo ese cante clásico que admiro pero poniéndole mi letra. El disco es una mezcla entre lo que siento y lo que admiro.

¿Qué diría a aquellos aficionados que rechazan escuchar flamenco en un disco “porque pierde sentimiento”?

Cada cosa tiene lo suyo. Igual sucede con las peñas y los teatros. No podría decantarme por alguno de los dos. La cercanía del directo establece una conexión tú a tú muy especial, pero un disco permite unas posibilidades que un concierto no te da.

¿Qué ha cambiado en Rocío Márquez desde que ganó la Lámpara minera en 2008?

Muchas cosas. Ahora mis necesidades han cambiado. Cuando me presenté al Festival Internacional del Cante de las Minas me centraba en estudiar los cantes, la forma de cantar Pastora… Ahora estoy más definida, sigo estudiando lo clásico pero canto mis letras. No obstante, La Unión fue un punto de inflexión que me abrió muchas puertas y me ha permitido compartir escenario con gente a la que siempre he admirado.

Obtuvo el máximo galardón y los cuatro primeros premios, un precedente solamente alcanzado por Miguel Poveda. ¿Pesan las expectativas puestas sobre usted?

Me siento muy afortunada. Noto el respaldo de crítica y público, pero bien es cierto que eso da una responsabilidad muy grande que intento que no me pese para no limitarme.

Sin embargo, tengo entendido que su relación con el mundo de la mina va más allá del Festival. También estuvo apoyando a los mineros encerrados en Santa Cruz del Sil (León). ¿Cómo califica esa experiencia?

Me llamó Jorge Martínez que estaba grabando un corto sobre los mineros y me propuso visitarlos. Les canté una letra de Niño Alfonso, que por edad no podía estar y fue mi forma de que él estuviera presente. Iba muy positiva pero una vez dentro de la mina, se me vino el mundo encima. Fue duro sentir la presión de la tierra, el olor… Fue algo escalofriante, pero conseguimos lo que queríamos que era que se olvidaran de lo que había fuera y compartir un rato con ellos.

Vamos con una de tópicos: mujer guapa, joven y paya. ¿Cómo la han acogido los flamencos?

Siempre digo que si no te aceptas a ti mismo, los demás no lo harán. A mí me costó mucho trabajo aceptarme porque durante mucho tiempo me empeñé en ser lo que los demás quisieran que fuera. Incluso tuve nódulos en por forzar mi voz para tener un timbre determinado. Luego comprendí que mi manera de expresarme era otra. Con mi aspecto físico también he tenido muchas anécdotas. Por ejemplo, esperando para cantar en La Carbonería me confundieron con una guiri. Antes, me ponía pendientes grandes, vestidos… para intentar sentirme parte de ese grupo flamenco. Luego entendí que cada uno tiene sus maneras, ahora soy más libre. Posicionarse y saber lo que quieres es duro, pero desde luego el éxito no está en gustarle a todo el mundo. En ese caso, el estudiar a mí me ha ayudado bastante.

¿A qué se refiere?

Cuando una se tropieza con textos de cantes antiguos, de 1800 más o menos, en los que lo puro ya se pierde, te preguntas: ¿Y nosotros aún seguimos con la misma historia de purismo sí o no?. El conocimiento te da argumentos para rebatir razonablemente las críticas y no caer en ciertos tópicos.

Desmiéntame alguno, usted que está dentro.

¡Hay tantos! Siempre se lanza la misma imagen del flamenco al exterior, cuando desde siempre ha habido una gran variedad de voces y timbres. Sin embargo, el flamenco está relacionado siempre con las voces rotas y salvajes. Y no es así. Se puede triunfar sin una voz rota, ya lo estamos viendo en los últimos años que esto está cambiando, afortunadamente.

Con los tiempos que corren, una propuesta arriesgada la suya esa de salirse de lo convencional nada más empezar. Siempre suele decirse que ésa es una licencia que da el público. ¿No lo piensa así?

Esto es una carrera de fondo. Llevo cantando desde los nueve años y me he ido haciendo muy lentamente. El hacer una propuesta tan personal se fraguó poco a poco, aceptando que no por ser lo de siempre habría gente que no le iba a gustar. Pero merece la pena la apuesta porque no me gusta que me vendan lo que no es. Prefiero las cosas coherentes.

¿Y qué papel juega la puesta en escena?

El arte llega por los cinco sentidos y por supuesto, por lo visual también. La imagen transmite muchas cosas. Durante un tiempo no le prestaba atención pero ahora sí. No lo vivo como algo superficial, sino como una parte del todo.