En Relevé. Acto 1.

Primeros acordes de la Danza de los Cisnes. La música compuesta por Tchaikovsky va dando paso poco a poco a los primeros movimientos de las bailarinas. No llevan tutú y sus pies se levantan del suelo gracias los tacones. No es ballet lo que describe esta escena, pero los cuerpos se descomponen y se recrean hasta dar figuras de enorme belleza. No hay baile, pero todas están preparadas, en sus puestos. Aparece el Cisne Negro sin ser el climax ni el final del primer acto. Su aparición es la antesala de otro caminar sobre el escenario, el de unos trajes realizados con los colores, los tejidos, la forma y la magia que siempre ha envuelto al mundo del ballet. No bailan un vals. La danza húngara tampoco hace que sus pies se detengan de su caminar, van hacia delante en medio de un sueño de volantes y tules, de brocados y encajes que se cuelan en lo que debe ser una muestra de trajes de flamenca pero que va más allá hasta recordarnos que el mundo del baile, al igual que el de la moda, no son disciplinas aisladas sino que más de una vez se han abrazado.

En Relevé. Acto 2.

Lo mismo que el fuego fatuo, lo mismito es el queré…“. La historia de amor y pasión ambientada en el mundo calé invade la escena. Blanco y negro. Vida y muerte. El bien y el mal. Faldas canasteras para ellas y pantalones de talle alto con blusones para ellos. No hay boda ni tampoco navajas, pero el rojo lo tiñe todo. Corto pero intenso, la pasión y la partitura que elevaron la cultura gitana a lo más alto de los escenarios guían a unas bailarinas que ni taconean ni interpretan, sino que dejan que toda la fuerza la transmitan el color y las formas que adornan su cuerpo. La danzá calé, el flamenco y la flamenca se hacen uno.

En Relevé. Acto 3.

Un mundo de fantasía llevó a Walt Disney a atreverse a revisitar los grandes clásicos de la literatura infantil. La primera en salir a escena es Blancanieves, justo la misma princesa que en 1937 protagonizó el primer largo de animación. Tras ella, la reina con la manzana y su bello rostro invitan a morder la manzana. Fantasía fue también el nombre de la película con la que Disney se acercó al ballet y a la música clásica. Antes del cine estuvo el teatro, antes del dibujo, las bailarinas representaban las obras y los cuentos. Una Cenicienta radiante y de blanco encuentra su zapato. Su madrastra y hermanastras la siguen. Tras ellas, la Bella Durmiente, Caperucita Roja, Rapuntzel o Peter Pan para terminar junto a Alicia en el País de las Maravillas. Rosalía Zahíno y Encarna Solá se inspiran en ese universo de sueños que se abren como el telón rojo del teatro o como las tapas de un libro de los Hermanos Grimm. La belleza sin igual que entretenía a la alta burguesía en los siglos XVIII y XIX y que nos transportaba a otro mundo viaja hasta lo que es una pasarela de moda flamenca para fundirse con los volantes, los lunares, los patrones y la imaginación de dos creadoras que nos hicieron olvidar la moda en favor del espectáculo  Y vaya espectáculo.

En líneas generales: Rosalía Zahíno y Encarna Solá realizan una de sus colecciones menos comerciales (si miramos hacia la Feria) pero a la vez, de las más espectaculares y emocionantes. Arte y espectáculo al servicio de una Moda que, como la de las grandes pasarelas, no se ve coartada por nada.

Destacamos: ver los trajes en la tienda. Esa segunda lectura fuera de la pasarela permite apreciar la funcionalidad de buena parte de las piezas.

¿Qué me recomiendas?: Sea o no para Feria (que cada uno piense lo que quiera), nos quedamos con el vestido dorado con falda de plumas, el traje canastero con la parte superior de tul y madroños en color negro o el vestido de Rapuntzel (¿Hemos dicho ya que nos fascinan los trajes de flecos?).