El año pasado decía de Pilar Vera a la hora de hablar de su colección que ella era como Madonna: no era la más creativa en Moda Flamenca pero su olfato para detectar que va a ser tendencia en los volantes es innegable, de la misma manera que la Ambición Rubia ha ido más de una vez un disco por delante en el mundo del pop. Pues este año volvemos a ese paralelismo: normalmente la Ciccone cuando hace un disco de corte más personal y sin atender a cuestiones comerciales (caso de “American Life”) después realiza otro puramente comercial, hecho exclusivamente a su amplia legión de seguidores (“Confessions on a dancefloor” fue su siguiente disco) en la que un grupo de productores y DJ´s cuidadosamente elegidos le solucionan la papeleta.

A mi manera” viene a ser ese descanso que a veces se toman los artistas (y que en Moda Flamenca este año se ha notado más en unos casos que en otros), que en vez de explorar nuevas líneas, recuperan y se recrean en sus propias ideas. Pilar viene de hacer tres grandes colecciones que se han ido adelantando a lo que luego hemos visto mayoritariamente en la Feria (la explosión canastera de “La Cruz de Mayo”, las flores estampadas y las faldas de volantitos de “Las Brujas” o los tonos empolvados y ocres de “Mis Flamencas” son ejemplo de ello) y este año lo que nos hemos encontrado es una colección que no busca impresionar en cuanto a nuevas ideas, pero que entra por los ojos gracias a una exquisita elección de tejidos y una mejor combinación de colores, con una amplísima representación de la escala cromática en la que destacan los canasteros blancos con detalles en tonos pastel, los estampados cashmere, los lunares blancos y pequeños (uno de los ausentes de este año), o la combinación del negro con blanco o rosa que dan unos trajes muy elegantes, ponibles y atemporales. De las telas, aunque no se aprecie bien en las fotos, destacan los perforados y telas brocadas (tejidos más caros que apenas se ven cuando se busca economizar los trajes), las mangas de tul negro o los detalles como madroños o encajes que le dan un toque goyesco a parte de la colección. Como curiosidad, la mayoría de los trajes son canasteros, pero debido al corte de muchos de ellos (y a los detalles en las faldas) es un detalle que apenas resiente la colección al verse entera. Es más, en algunas de las piezas podemos ver un leve acercamiento de Pilar a esa corriente o tendencia tan de moda en la Feria de Sevilla que practican firmas como Pol Nuñez o Taller de Diseño que apuesta por trajes de aire retro, telas vaporosas, faldas con poco vuelo y muchos detalles en las mismas. Sea de la manera que sea, Pilar ha firmado este año una colección en la que el sobresaliente trabajo de producción y elección de materias es el gran protagonista, porque otra cosa no, pero Pilar sabe elegir muy bien aquello con lo que trabaja.

En líneas generales: Pilar Vera realiza nuevamente una colección muy comercial, adaptada al gusto de las sevillanas por el canastero, pero que cuenta con una cuidada elaboración y elección de tejidos y colores.

Destacamos: no hay ni un solo lunar negro en toda la colección, el gran protagonista de este año.

¿Qué me recomiendas?: el traje rojo con encajes y lunares en color blanco, el azul con encajes y bordados de aire goyesco o el negro de volantitos y mangas de tul.