El Lope de Vega se vistió de largo el pasado martes para homenajear a uno de los principales responsables de que las tablas de ese, y otros muchos teatros de la ciudad, se llenasen de vida y de espectáculo musical durante el segundo tercio del siglo XX. Rafael de León, el principal letrista de la Copla, un miembro no reconocido de la generación del 27 aún siendo un virtuoso de la composición en verso, revivía en uno de los grandes teatros de Sevilla gracias a las voces que pudimos escuchar en aquel escenario.

Presentado y pregonado por Pepe Camacho, la obra de Rafael de León servía de hilo conductor para recordarnos como la Copla fue un género que pasó de ser el cantar popular del pueblo a convertirse en canción española, en el género nacional. Decía Pepe que Rafael de León llegó a registrar más de 5.000 composiciones junto a otros grandes del género como Quintero, Quiroga, Ochaíta, Valerio, Valverde o Solano, pero esa cifra podría llegar hasta 10.000 si contamos las que se quedaron por el camino o en el estudio. Tocaba, por tanto, recordar lo mejor de un maestro irrepetible cuyo trabajo vertebra casi al completo lo mejor y más granado de la Copla, un homenaje que podría haber recuperado las joyas escondidas o menos recordadas de su legado pero que, en vez de eso, acusó cierta recreación por parte de los artistas en determinadas canciones y el recurso a otros temas que, por diversas cuestiones, están de actualidad. No es que el repertorio no estuviese bien escogido, todas eran grandes Coplas, pero si se echaba en falta algo de riesgo o de originalidad. Si es cierto que Rafael de León registró tantas canciones, ¿Por qué montar un espectáculo con “las de siempre”?

Esa fue la sensación que uno tenía desde su butaca al ver como iban pasando los cantantes sobre el escenario: Sandra Cabrera volvió a cantar uno de sus poderíos, “Tu ropita con la mía“, a la que se unió una conmovedora interpretación de “A ciegas“. Ni Sandra ni ninguno de sus compañeros fallaron aquella noche, todos estuvieron espectaculares, pero se hubiera agradecido un poco más de factor sorpresa u otras canciones menos trilladas. Fran Doblas fue el siguiente cantando “En el último minuto” y “Ojos Verdes“. Nazaret Compaz sorprendió en “Solo vivo pa quererte” y cantó también un tema conocido en su voz como es “Tatuaje“. Joana Jimenez por su parte demostró que puede cantar 1.000 veces “La niña de Fuego” o “Mis tres puñales” y el público igualmente se levantará y aplaudirá como si fuera la primera vez, ya que siguen siendo dos de las canciones con las que la voz y el carácter de Joana se crecen y se vienen arriba. Jonás Campos empezó costumbrista y cercano cantando “Rocío” para pasar después a la intensidad y el marifetismo de “Te he de querer mientras viva“. Lola Reina cerró la primera parte del espectáculo con dos temas de su tía Juanita Reina: “Callejuela sin salida“, tema que Lola ha cantado varias veces, y “Ni un padre nuestro“. Como vemos, doce grandes temas que podrían resumir la obra de Rafael de León pero que se encuentran con tres problemas: o bien forman parte del repertorio de Azabache, o son coplas que se identifican con Miguel Poveda y se han puesto de moda gracias a él (las sigue cantando en su actual gira) o son temas que ya hemos visto cantar a cada uno de ellos en varias ocasiones, ya sea en Se Llama Copla o en conciertos. No estaban mal elegidas, pero siendo un concierto de homenaje, y habiendo tanta oferta coplera hoy en día en cuanto a espectáculos, se habría agradecido un poco más de originalidad porque, por suerte, la Copla en general y la obra de Rafael en particular, son algo más que tres canciones.

Finalizado el primer cuadro, en el que todos los artistas permanecieron en el escenario formando un semicírculo alrededor de la parte central, vino una suerte de intermedio en el que apareció la sorpresa de la noche: Falete apareció para cantar de manera magistral “13 de mayo“, poniendo todo el empeño en uno de los grandes números de la noche para después hacer lo propio con “Ay Pena Penita Pena“. No se iría de allí sin que Pepe Camacho le pidiese que improvisara un fandango que pudo ser acompañado por la guitarra de la banda que tocó todas las canciones del concierto.

Respetando el mismo orden del anterior pase, volvieron a salir todos a cantar, esta vez en solitario, sin presentaciones previas y acompañados en el escenario solo por la orquesta. Sandra Cabrera estrenó en su voz “Cárcel de Oro” incorporando el puente final que hay en la versión original (“A una fragua yo me echara pá salir purificá, si de nuevo tu en mi cara te volvieras a fijar“) que se había perdido en las interpretaciones más recientes de esta copla. Fran Doblas se atrevió con “Los Tientos del Cariño” y decimos que se atrevió porque él mismo reconoció que fue un tema que en su momento le costó mucho trabajo, pero que sirvió para demostrar cierta evolución en su forma de cantar y de moverse por el escenario, menos melódico-baladista, y con un carácter más marcado. Nazaret Compaz puso voz a otros de los himnos del género que salieron de la pluma del maestro León: “Y sin embargo te quiero“, canción que Nazaret ha cantado mejor que nadie en seis ediciones de Se Llama Copla. Joana Jimenez se puso la bata de cola, peina, mantilla y abanico, recuperando la copla más tonadillera y más clásica para cantar y contar la historia de “La Ruiseñora” es un número sorprendente en el que se llevó la canción-marcha a su terreno sin excederse y con una sensibilidad especial. Jonás Campos nos recordó el matiz flamenco de “Romance de Juan Osuna” mientras que Lola Reina finalizó el segundo bloque con “Francisco Alegre“. El espectáculo terminó con los seis cantantes de nuevo en el escenario para cantar “Una Copla en el aire” juntos  y con el saludo después de todo el equipo artístico que pisó esa noche las tablas del teatro Lope de Vega. Se cerraba así el homenaje a un grande la Copla, a una persona que hizo grande un género y cuya herencia debería ser revisada por aquellos que dicen que la Copla son solo lamentos y dramas facilones, pues muchas de las letras compuestas por Rafael de León tienen una poética que va más allá de un simple “Te quiero”.

Con su recuerdo y con el deseo de que la Copla haya vuelto para quedarse se cerró el telón. Fueron 20 coplas pero podrían haber sido muchas más y, por suerte, nos queda mucho por descubrir aún de la figura de Rafael de León.