Como si de una montaña rusa se tratase, Ismael Carmona ha vivido en Se Llama Copla una de las trayectorias más irregulares tanto con el jurado como con el público, pasando de favorito en momento puntuales a coquetear con el reto en otras ocasiones. Subidas y bajadas que, al menos, le han valido para llegar a ser uno de los 10 finalistas de una edición a la que entró derrotando a una de las mejores voces de la edición (Anabel Collado) y en la que ha tenido que luchar para destacar frente a sus compañeros masculinos que en muchas galas han llevado la voz cantante (nunca peor dicho).

Ismael como concursante no ha sido ni el más coplero ni el que mejor canta. Sus actuaciones desde un principio se asemejaban más a las de un baladista o cantante de boleros que a la de un coplero, aún así, el jurado y el público le dieron un gran voto de confianza, así como Josemi que le dio el privilegio de ser el primer concursante en seis años que, en una actuación valorable por el jurado, cantaba con el pie de micro y sin la banda acompañando. Fue en “A Ciegas”, número que puso a Ismael en el concurso y lo convirtió en competencia directa de un Álvaro Camacho cuya “novedad” ya había pasado e incluso cansaba. Probablemente el haber llegado tarde y el ver como Camacho caía en los mismos errores semana tras semana haya hecho que Ismael vea las cosas con perspectiva y haya sido capaz de acercarse a la copla poco a poco, olvidando el estilo de sus primeras actuaciones y tratando de adecuarse a lo que el programa le pedía. Por el camino ha ido dejando actuaciones de ese llamado “estilo propio” que el jurado gusta de asignar cuando un concursante les cae en gracia sin tener un quejío excepcional. Guste a la gente o no, Ismael llega al grupo de finalistas con la lección aprendida y los deberes bien hechos, demostrando que se puede cambiar, que aquí se ha venido a cantar un género y que para llegar hasta el final hay que pelearlo.

Una de esas últimas actuaciones es la que destacamos en nuestro análisis: su versión de “El maletilla” no fue la típica de cantaor ni tampoco se la llevó a su terreno, más bien quedó en un saludable punto medio en el que Ismael se acercó a la copla y ella se dejó querer.

A favor: voz personal, capacidad interpretativa y mucha química con la cámara. Es una persona que transmite mucha credibilidad con respecto a lo que canta.

En contra: su trayectoria irregular se debe a que dependiendo del tema, le salen mejor o peor. Ismael es de esas voces cuyas actuaciones pasan del sobresaliente al aprobado por unos simples detalles.