El casting semiacabado que pudimos ver durante las galas de la llamada segunda oportunidad nos dejó con la sensación de que lo mejor de la sexta edición estaría por llegar en forma de retantes o de que los futuros concursantes tenían mucho que evolucionar. Ninguno logró destacar sobremanera antes de sentarse en un banquito a excepción de la más benjamina de ellos. María Espinosa fue desde el primer instante, una de las voces que se convertirían en imprescindibles para esta sexta edición.

Con solo 16 años María Espinosa sorprendió con una madurez artística que fue viéndose gala tras gala en la que su voz demostraba estar perfectamente domada y preparada para enfrentarse a cualquier tema, a lo que se unían unas tablas a la hora de moverse por el escenario bien aprendidas o una capacidad interpretativa que se hacía creíble en el cuerpo de una niña de 16 años aún siendo temas como “Poema de mi soledad”, “Solo vivo pa quererte” o “Mis trenzas”. María estaba por encima de todo ello y puso desde el principio el listón muy alto. El único pero que se le pudo ver a ello es que, como suele pasar, una vez que pasa el factor sorpresa y el programa sigue su ritmo habitual, el programa va exigiendo más y ha habido semanas en el que el sobresaliente de María ha sido algo más discreto en el momento que algunos de sus compañeros ha estado más inspirado aquella noche. Ello no ha evitado una dinámica de grandes actuaciones que a veces, sin ser grandes dramones, hacían de María una gran coplera y una conocedora del género que ha podido con casi todos los palos del mismo pero que, como todo gran concursante, ha logrado venirse arriba en las noches que le tocaban grandes canciones o temas menos conocidos.

Tener al jurado de su parte se ha traducido, por suerte para ella, en un relativo y buen apoyo del público, siendo solo una vez candidata al reto por los votos del público, y manteniéndose como candidata a finalista, opción que tiene en su haber desde que se sentó en su banquito.

De todo su repertorio podríamos elegir cualquiera de sus canciones, pero puede que “Cría Cuervos” fuese una de sus mejores noches porque fue una de esas veces en que, mientras la veías actuar, te preguntabas si esa chica de verdad solo tenía 16 años.

A favor: voz, presencia, interpretación, carácter y temple coplero.

En contra: su presencia en la final es casi segura. Su victoria, al igual que la de Jonathan, dependería de cómo el público quiera alinearse con el jurado.