La cantaora granadina Marina Heredia cerró el pasado jueves 30 de mayo el ciclo de Jueves Flamencos de la Sala Cajasol de Sevilla. En un espacio íntimo por sus dimensiones, pero cargado de simbolismo e historia nos ofreció un recital flamenco acompañada únicamente por la guitarra y por el toque de las palmas, una lujosa ocasión para poder disfrutar de su voz con mucha cercanía y empatía entre la artista y el público.

Marina comenzó su espectáculo con la misma canción que abre su nuevo disco “A mi tempo”: “En los brazos de mi mare” es una conmovedora milonga con la que ella nos introducía en su universo particular y nos hacía llegar ese cante y personalidad que tanto la caracteriza. Detalles como la luz tenue o el blanco de su vestido ayudaban a transmitir esa fuerza contenida y ese caracter flamenco que fue de menos a más. Le siguió el cante por malagueñas y por fandangos, momentos con mayor jondura que recuerda a ese flamenco primitivo que se mantiene vivo a día de hoy y que Marina hacía suyo sin artificios ni fusiones, algo que le permitía el escaso acompañamiento y el color de su voz. Remató esta primera parte más clásica con un cante por soleá, seguido del cuplé por bulerías “De Adela” que también forma parte de su disco y unas seguiriyas con las que puso uno de los puntos álgidos de la noche.

Cambio de vestuario mediante, Marina reapareció de negro tras una breve pausa para dar el final o la segunda parte que su público más fiel y veterano esperaba: el cante por tangos y bulerías se fueron entrelazando en un recital que se iba dinamizando e iba dando un mayor protagonismo al toque y a la música mientras la cantaora se venía arriba y llegaba a prescindir varias veces del micrófono, regalando su voz sin ayudas y de primera mano, inundando con ella las paredes de un teatro que escuchaba en silencio algunas letras como las de “Amante de Abril y Mayo” o un “Se nos rompió el amor” que fue probablemente el momento más vibrante de toda la noche y que puso al público en pie.

Se ponía así el broche de oro a un recital que estaba a medio camino entre lo que vemos en una peña flamenca y lo que se realiza en los grandes teatros. Un saber estar y la elegancia innata de una cantaora que no renuncia al flamenco y, aunque tenga concesiones algo más comerciales, en el directo se crece y nos muestra con detalle su procedencia y el género que la acunó. Para los que quieran disfrutar de la voz de Marina en directo, os recordamos que a finales de mes estará en el Potaje Gitano de Utrera donde podrán revivirse, a buen seguro, varios de los momentos que vimos el pasado jueves.