Nuevo Montecarlo SIMOF 2014 (33)Darle al público lo que quiere, donde lo quiere y cuando lo quiere. Eso es sencillamente lo que ha hecho Nuevo Montecarlo este año. Ni trajes espectaculares, ni detalles que enamoren ni encajes que impriman personalidad. La colección para este año de este trío de diseñadoras tiene un sentido más practico/comercial que estético y busca satisfacer a la clientela directa más que a aquellas que busca en sus volantes una fuente de inspiración (aún así, no se salvarán de las copias).

«Mi dulce veneno» no es más que una serie de trajes pensados para una Feria tardía en el calendario, que puede repetir los 35 grados del año pasado y que se apunta claramente a las tendencias de la temporada. A saber: los escotes aparecen más pronunciados (en algunos casos ya se pueden olvidar algunas del sujetador), las mangas ganan en vuelo llegando a haber algunos ejemplos de manga húngara, los tejidos son bastante ligeros (si, Nuevo Montecarlo ha empleado gasas o sedas) y los volantes carecen de excesivos volúmenes, con faldas canasteras recogidas a la altura de la entrepierna o con dos volantes que rematan cuerpos enterizos. Haciendo un simil, si todas las grandes firmas tienen una línea de básicos, esta colección sería el equivalente en Nuevo Montecarlo, pues la mayoría de trajes parecen una versión liviana de otras ideas vistas en anteriores colecciones y que esta vez aparecen despojados de detalles y metros de tela. Ello no quita que, como siempre, el resultado sea aceptable y no se pueda decir aquello de «este no me lo pondría». Probablemente el fallo esté en que quizás se espera más de una firma que es de las grandes de moda flamenca (cuando no la que más vende de las que está en el centro de Sevilla).

De «Mi dulce veneno» nos queda una colección más agitanada que aflamencada, que en conjunto huye de ese aire de niña pija-sosa (que a veces le dan a la moda flamenca tanto empolvado y tanto encaje de bolillo) y que esta vez quiere tener más carácter o fuerza.

En líneas generales: Nuevo Montecarlo ofrece a la flamenca de la Feria de Mayo un traje adaptado a la más que previsible calor y comodidad necesarias para estas fechas en una colección con pocas ideas pero explotadas en los 40 trajes y con muchos (y saturados) colores.

Destacamos: las mangas. Sin duda alguna, lo mejor de la colección.

¿Qué me recomiendas?: el traje negro con lunares en escote y falda es el «menos Montecarlo» de toda la colección y quizás el mejor de la misma (por diferente). El fucsia es el que mejor resume la colección en su conjunto, mientras que el estampado de dos volantes es la opción para el público más conservador.
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