Jesús Méndez Caracolá Lebrijana (1)La democratización de los géneros musicales nos ha traído en los últimos años una serie de fusiones, renovaciones, cambios coyunturales e incluso estructurales que han dado como resultado una pérdida de la esencia original que, en más de una ocasión, ha llevado a los puristas a echarse las manos a la cabeza. El flamenco no ha sido ajeno a ello: aunque sea patrimonio de la humanidad, las nuevas tecnologías el libre acceso al catálogo musical y la interpretación que cada uno hace de cada obra hace que el cante evolucione y, por tanto, cambie. Algunos expertos, de hecho, piensan que el Flamenco en su concepción más ortodoxa (al igual que la Copla) tenderá a perderse, quedando como algo clásico frente a lo nuevo que le llegará al género. Pero el arte a veces es caprichoso y te pone por delante figuras como la de Jesús Méndez.

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Jerezano puro (su forma de hablar y acento le delatan), Jesús Méndez tiene una voz rotunda y flamenca hecha para el cante y que remite a ese flamenco puro que solo obedece al toque, al compás y al arranque de quien pone la garganta. Si lo suyo obedece a una técnica aprendida y a un guión preparado, desde luego lo disimula muy bien, porque en el directo se revela como un cantaor que se deja guiar por la inspiración del momento. Fue lo que vimos el pasado sábado en la Caracolá de Lebrija: un genio que con muy poco lo hace y dice todo, un artista cuyo compás hace cuerpo sobre el escenario y lo llena de nostalgia y de cante puro. Ya fuera metiendo una soleá por bulerías, cantando por seguiriyas o llevando hasta su terreno los fandangos, Jesús mostró que está forjado en una de las cunas del Flamenco y que, por ello, ha aprendido y ha sabido interiorizar un legado que él mismo enriquece con una planta de artista alejada de los conceptos que imperan en los gustos del gran público. Incluso tiene tiempo de meter “La Salvaora” por bulerías sin perder el toque de la zambra. Un final más cercano pero que nos recuerda a la figura de otro grande que lidió entre el flamenco más primigenio y su vertiente más comercial: Manolo Caracol.

Siendo el de Lebrija un público bastante exigente y con bastantes bien conocedores del flamenco entre ellos, no hay duda de que Jesús Méndez triunfó aquella noche. Ahora queda por ver hacia donde va su carrera, un camino que a buen seguro se antoja triunfal y que podría llegar a ser uno de los nombres propios que Jerez ha aportado y aporta al legado del Flamenco.

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