Muñecas Flamencas Marin (11)

Lo contaba Antonio Burgos ayer en su columna El Recuadro en ABC: la empresa Marín, fabricante de las tradicionales muñecas flamencas “del televisor” había entrado en suspensión de pagos por lo que su fin (o su conversión definitiva en objetos de culto y coleccionismo) podría estar cerca. Procedentes de Chiclana, donde están museo y fábrica, muchos atribuyen su desaparición a la irrupción de la televisión de plasma o los muebles de factura más moderna en nuestros hogares. Eso no ha evitado que se hayan convertido en un verdadero souvenir kistch adaptándose a nuevos entornos en los que lo antiguo y lo moderno se abrazan de buena gana.

Es el encanto especial que tienen estas muñecas: no son ni rancias ni antiguas, simplemente acumulan muchos años, pero su sonrisa sigue igual de fresca y ahora, aunque dejasen de fabricarse, seguirían siendo estandarte de los recuerdos made in Spain. Además, su popularidad ha vivido un leve repunte en los últimos años gracias al resurgir de la Copla o de la moda flamenca, a que vemos más trajes, abanicos o volantes y a que el folclore patrio ya no se mira con complejo de inferioridad. Nada que ver con los años 80 y 90 en la que la decadencia nos marcó para mal e hizo que las propias Reinas de la Copla se reclamasen su sitio como hizo Juanita Reina en “Yo voy Cantando” (escuchad bien la letra porque es toda una canción protesta con arreglos de pasodoble):

“De las de peina y volante, ¡Que pocas vamos quedando!
y mientras el cuerpo aguante, aguante
¡Yo voy cantando, cantando,  cantando, cantando!”

La bata de cola, la mantilla o la peina parece que no viven el buen momento que si viven el traje de flamenca o la misma Copla pero eso tampoco hace perder la sonrisa a Charo (sobrenombre que las redes sociales le pusieron por último a las muñecas de Marín) y como muestra esta galería de imágenes recopiladas por internet de las muñecas flamencas que demuestran que, al igual que Barbie, podía presentarse a la misma mujer con un buen repertorio de looks flamencos como estos. Va por ellas:

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Con traje de flamenca clásico, volantes de capa desde la cadera o uso del rojo y negro. Se intuye incluso el toque a lo Lina. ¿O no?

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Aunque la imagen más extendida siempre será la de la bata de cola roja con flecos al escote y mantilla en color negro o el abanico con el brazo levantado.

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Aunque si algunos las preferían con lunares, mantoncillo, la flor arriba (en vez de al lado) con un estilo más flamenco y no tan coplero.

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Y si Barbie tenía a Ken, las muñecas de Marín tenían a su bailaor que las acompañaba de vez en cuando. Eso si, poca expresividad la de ellos en comparación con la eterna sonrisa de ellas.

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También hubo momentos para darles un poco de sitio a los remates en color dorado, a la vez que photoshop y los filtros de instagram se integran bien con la imagen de la muñeca (como vemos en la foto).

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Si con una no tenías suficiente y el bailaor se iba por ahí a buscar al torero como habría hecho Ken, siempre podría buscarse una amiga con la que tocar los palillos con cintas colorás y bailar sevillanas.

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¿Qué con dos tampoco era suficiente? Pues todas juntas en posición de cante y baile. La juerga flamenca en 21 centímetros era posible con las muñecas flamencas de Marín (torero inclusive). Por cierto: fijarse en el vestido rojo y amarillo y ahora pinchad aquí. ¿Os suena?

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Solas o acompañadas, las muñecas de Marín nunca perdían su gracia andaluza, su sonrisa tan personal y sus ganas de representar el folclore español. Tanto es así, que hasta el traje se les partía y ahí seguían ellas con los brazos en posición de bailar por sevillanas.

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Y es que las muñecas de Marín son como el Toro de Osborne o el Tío de Tío Pepe: simbología cañí que en el siglo XX ayudaron a forjar la imagen más icónica de España y los que a día de hoy se les debe mucho por haber hecho que nuestra cultura sea conocida a nivel mundial. Ya sea por el plasma, por Ikea o por los chinos, la empresa vive sus horas bajas, pero ni tan siquiera eso borra la sonrisa de sus muñecas a las que no aún no tenemos por qué decirles adiós.

Si queréis un consejo, ahora que empieza Diciembre, es que os regaléis una ahora que llegan las Navidades. Y lo decimos MUY en serio.