Antonio Gutiérrez Generalife (3)Hace justo ahora un año había una flamenca esperando que llegara su momento. Sería ya entrado en 2014, tras pasear por el Generalife y contemplar la Alhambra desde el Albaicín.

Llegó el año nuevo y con él emprendió un camino de flores que le llevaría a conocer la Sevilla más clásica con el permiso de un Jerez que mueve los volantes de plata al compás de un cante de Lola Flores o un baile de Carmen Amaya.

Ese día que tanto esperaba llegó y se despertó con ritmo y sabor su raiz flamenca. Ella quería pasar el tiempo entre volantes con flamencas de aquí y allá, disfrutar de un beso flamenco con aire de seducción italiana que le recordase a sus amores o emocionarse con las flamencas de pitiminí que bailaban en el Real de una feria que se quedaría en su memoria.

A veces errante, a veces autentica pero siempre flamenca, sus pasos eran siempre por amor al arte, porque ella sentía flamenco, sentía distinto. Ya podían sonar los acordes de la Obertura 1812 de Tchaikovsky o entrar en el jardín de mis pecados, ella se sentía en su particular Edén flamenco como Doña Carmela con sus joyas andaluzas.

Y es que los volantes eran su dulce veneno. Con ellos sentía armonía y verdadera pasión. Una vida entregada a el arte por el arte de la moda flamenca, a ser una gata rosa que desde pequeña soñaba con ser flamenca, que apaga los cirios y el incienso para sacar los volantes, con lunares o sin ellos pero que, al final de ese camino, cantó X de Victoria por bulerías.

Ella no era solo una, eran todas las flamencas, todas las que este 2014 han disfrutado con el movimiento de unos volantes. Todas las que hace un año esperaron su momento y por fin llegó. Ahora… ese camino se terminó y otro se abre. Llega 2015 y es el momento de esperar a que esas flamencas lleguen y nos llenen el año nuevo de alegría y fascinación por la moda flamenca.

¡Feliz 2015 a todos y a todas!