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Izda-Dcha: diseños de Curro Durán, Cristo Báñez y Cañavate. Todas las fotos del post son de www.wappíssima.es

La moda flamenca ha cambiado muchísimo en los últimos años, eso creo que a estas alturas lo tenemos muy claro todos. Más pasarelas, más desfiles y más diseñadores. La exclusividad que antes daba SIMOF se ha diluido en una suerte de democratización flamenca en la que los jóvenes tienen un papel determinante: la savia nueva es el empuje y lo que ha dinamizado el sector. Emprendedores con ganas de contar una historia en la pasarela y de que sus volantes brillen con luz propia. Ellos han cambiado la moda flamenca y han regenerado las ideas a través de diferentes estilos que juegan con la experimentación rozando a veces el límite de lo que es o no un traje de flamenca. Curiosamente siempre hay algunos nombres que se consideran antecesores en esta nueva oleada de diseñadores jóvenes y flamencos: dejando a un lado a la Vicky Martín Berrocal que copaba la prensa de SIMOF, en esa misma pasarela desfilaban tres nombres que, en su momento, eran referentes en creatividad flamenca, presentaban colecciones que eran verdaderos soplos de aire fresco y hacían suspirar a muchas mujeres por sus volantes. Y tanto habrá cambiado la moda flamenca que si cualquiera de estas propuestas volviera a subirse a la pasarela podrían pasar sin pena ni gloria en medio de tanto juego de patrones y temáticas… O tal vez no: tal vez sea la belleza de lo sencillo, el arte de lo clásico o el saber manejar la verdadera esencia de lo nuestro. Y eso no lo sabe gestionar cualquiera.

Cañavate, Curro Durán y Cristo Báñez nunca olvidaron que eso se trataba de vestir la Feria con moda y volantes. La nota más discordante o experimental la ponía un Sergio Vidal que nunca temió a nada y que en varias ocasiones hizo del traje de flamenca un espectáculo de pasarela en detrimento de sus opciones de venta. No terminaba de ser el caso de los tres primeros: ellos hacían una flamenca que maravillaba y que casi cinco año después resisten a la perfección el paso del tiempo. Un buen patronaje, una buena costura, una buena elección de telas, volantes de toda la vida con pequeños cambios o un estilismo bien planteado hicieron grandes a las cuatro colecciones que hemos rescatado hoy. ¿Por qué estas? Pues porque 2016 parece que viene con un intento de recuperar a la flamenca clásica (la de verdad, os repetimos que un canastero NO es un clásico), esa a la que los jóvenes en cierta manera le han dado la espalda en los últimos tres años pero que a la vez era la que nunca se iba en las colecciones de tres diseñadores que abrieron la puerta a la regeneración que hoy vivimos en moda flamenca, aunque ellos mismos moviesen los cimientos del sector sin hacer demasiados experimentos con el traje de flamenca:

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Curro Durán, ‘Atelier’ 2010. Un año antes de que su creatividad explotase en la Sevilla de ‘1929‘ y dos de que ‘Frontiles de Camino‘ se adelantase a muchas cosas que han llegado después, Curro ofreció esta colección de transición entre lo que le convirtió en una promesa de la moda flamenca y lo que aún estaba por llegar. Estilismos sencillos, mucho color liso, garrucha en grandes volantes que ya cuidaban el volumen y el uso de estampados o detalles poco vistos en flamenca pero que encajaban bien en pasarela. Moda flamenca e ideas regeneradoras en la que la creatividad iba acompañada de su esencia y mensaje original hasta el punto de que muchos trajes podrían volverse a subir a la pasarela y seguir maravillando. Una modernidad que ya tiene 6 años pero que se aleja de los caminos que se tomaron con posterioridad.

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Cristo Báñez, ‘Mía’ 2011. Lunares, volantes de capa, telas y colores de toda la vida y el buen hacer que Cristo tuvo y tendrá como estilista. Como en todas sus colecciones, el diseñador onubense separó siempre la flamenca de feria de la del Rocío, jugando más con las opciones de los volantes para el camino (con una suerte de hippye-chic bien resuelto) que con sus propuestas para el Real, siempre más sencillas y clásicas, con un punto años 70 que nunca se perdía y sus dosis de estética gitana que mediaban entre lo racial y lo folclórico. Además aquí tenemos un ejemplo de que con nada se hace todo: trajes como el rojo de lunares blancos y cuerpo y flecos en negro, se convierten en verdaderas obras de arte sin necesitar detalles o artificios que no entran en el discurso flamenco.

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Cañavate, ‘Whatever Lola Wants’ 2011. El inglés no alejó ni por un segundo al Cañavate más folclórico de su identidad o del estilo que le llevó a ser un nombre propio. Lunares, mantones de manila, claveles, colores clásicos o faldas con talle alto. La evolución lógica que seguía a su anterior colección miró a los años 50 más americanos en el estilismo, a ese glamour de coches descapotables, gafas de sol (probablemente la única vez que han quedado bien como complemento en flamenca) y divas de Hollywood. Pero esa temática no renunciaba a los volantes, incluso los lunares o los colores más básicos se convertían en protagonistas de la colección. Una idea tan clara y tan coherente con la pasarela en la que se presentó que, a día de hoy, está considerada por muchas como la mejor colección del diseñador.

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Cañavate, ‘Dulce y Salado’ 2010. Hacemos una doble mención con él y retrocedemos otro año más en el tiempo para recuperar el particular homenaje de Cañavate al que sin duda es su gran maestro y uno de los modistos que más ha influenciado su obra: Justo Salao. De Carmen Sevilla a Lola Flores pasando por Paquita Rico, las grandes del folclore español revivieron en esta colección que recuperaba lo mejor de los años 60/70 en la moda flamenca y que llevaba a la pasarela una nueva visión de un estilo que solo Lina mantenía (y mantiene) sobre la misma. Una flamenca muy flamenca con sus correspondientes toques de modernidad que nos recordaba que lo clásico de verdad es esto y no otras cosas. O una colección que asombró por el tratamiento de la misma sin recurrir a detalles de fiesta u otros recursos que vinieron a posteriori.

Como vemos, cuatro colecciones de tres nombres asociados a la creatividad en el traje de flamenca pero que realmente siempre han respetado nuestra esencia y las normas básicas de nuestra moda. Un ejercicio de memoria que os recomiendo que repaséis al completo en wappíssima (haciendo click en el nombre del diseñador os enlazará a la galería) justo antes de empezar la temporada. Será una forma de darnos cuenta de que las mejores colecciones y las que mejor resistirán los años son las que saben equilibrar todos los factores que influyen en los volantes. O quizá sea una forma de ver que lo que hoy es creativo, en cinco años será un clásico. Tiempo al tiempo.