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No le gusta ser explícita, tampoco le gusta mostrar directamente cuál es la inspiración que le ha llevado a crear su colección. Ana Morón prefiere crear un juego de sutilezas o abstracción. Su flamenca es el reflejo de la esencia que le ha llevado a dibujar sus nuevos bocetos. No se trata de ponerle volantes a una idea, se trata de crear belleza a partir de algunas notas características que se aunan en el leitmotiv de la propuesta. No le hizo falta vestir de Sherezade a ninguna flamenca para evocar ‘Las Mil y una noches’, tampoco le puso un tutú a sus diseños de ballet modernista en ‘Pirouette’. Su ‘Sevilla’ escapaba de la estampa costumbrista sin dejar de ser una colección genuinamente hispalense y ‘Metamorfosis’ planteó sobre los tejidos lo que primero fue papel.

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Ahora en ‘Goya‘ no hay majas o goyescas, pero sí hay musas del gran pintor vistiendo los trajes de la diseñadora. Empleando una tonalidad muy en consonancia con la pigmentación propia de los colores en pintura, Ana Morón evoca en coral, azul, celeste, morado, blanco o negro la artesanía y la belleza de la obra de arte sin caer en discursos fáciles. Nada de eso: en sus volantes hay que buscar la inspiración, no se da nada hecho. Al igual que cuando estamos ante un cuadro, aquí se nos pide que miremos bien cada patrón, que sepamos leer entre líneas o entre costuras y encontremos alguna reminiscencia del siglo de oro español. Es así como se va tejiendo la colección: hay trajes que miran al costumbrismo idealizado que el pintor llevó a sus lienzos, otros se recrean en la riqueza de la indumentaria de los nobles a los que retrató mientras que otra parte juega con la misma fantasía o con ese caos que tiende al orden que igualmente encontramos en la obra de Goya. De hecho, es la geometría de algunos patrones de mangas o escotes lo que quizá nos acerque al vestir del Siglo XVIII. El resto evoca detalles pictóricos o la artesanía propia de la obra artística previa a la era industrial a la vez que parecen mostrar cierta reinvención en el estilo de Ana que logra, por momentos, unir barroquismo y minimalismo en un mismo traje. Eso sí, quizá lo que mas destaque es el trabajo en las espaldas: pocas veces hemos visto un cuidado de los detalles y un trabajo de diseño tan bien tratado en una parte de los trajes que, por lo general, juegan un papel secundario.

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Y al final, puede que lo más sorprendente tras cinco colecciones es que Ana Morón todavía sea capaz de reinventarse… O dicho de otra manera: todavía quedan muchos cuadros por pintar y el arte, al igual que la moda, está vivo gracias a que siempre hay quien quiera darle un nuevo aire a lo que ya tenemos. Siempre hay quien busca revolucionar el discurso establecido y romper con lo convencional. Y la flamenca no es una excepción en esta regla.

En líneas generales: Ana Morón ofrece una visión muy personal de la España de Francisco de Goya con unas flamencas de trajes lisos salpicados de muchos detalles en los que vemos que su trabajo es de los que mejor realza la artesanía del traje de flamenca.

Destacamos: la combinación blanco/negro va camino de convertirse en un fetiche en sus colecciones. Y a pesar de ser un desfile compartido, los complementos de Trinitrán logran cerrar muy bien cada uno de los estilismos.

Ahora suena: Etta James, ‘I Would Rather Go Blind’.

Nuestra selección: elegimos un traje por gama de color de la colección (coral, azul, blanco y negro), si bien, es complicado elegir entre cualquiera de las piezas que la componen.

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Puedes contactar con la diseñadora por facebook.

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