sara montiel saeta

Olviden a Manuel Cuevas, al Sacri y a quien haga falta. Los verdaderos hits virales de la Saeta que se recuperan año tras año no son precisamente las de un quejío que alguna camara grabó hace años en Sevilla o en cualquier otra ciudad de Andalucía o España. Olviden eso.

En una era de redes sociales, memes, chistes, coñas y chascarrillos que se propagan a golpe de grupo de whatsapp o de compartidos en facebook lo que se lleva es el humor. También en Semana Santa. Seas capillita o no, quieres darle al humor. Y es ahí donde aparecen dos vídeos de dos ¿saetas? que año tras año se cuelan en nuestros muros de facebook o nuestro TL de twitter hasta el punto de converirse en algo tan tradicional como ya lo es la repetición de Ben Hur en Televisión Española. Veamos cada caso:


Saeta de Sara Montiel: ¿Qué podía salir mal cuando unes la solemnidad de una procesión con el arte una folclórica con bien de laca, brilli brilli, maquillaje que rivaliza con la mascarilla de cualquier Dolorosa y uñas de travesti? Pues todo o nada según se mire. Saritísima hizo lo que pudo cuando las camaras y flashes eran solo cosas de profesionales… Luego llegaron las repeticiones en televisión, internet, las redes sociales y ese gusto por compartir la obra y milagros del folclore nacional. Y si esa remezcla aparece tan recargada como esta saeta al Cristo del Perdón, mejor que mejor. Señorismo puro.

Saeta Cabrones: Mientras que la aportación de Sara Montiel se queda como un clásico cuya gracia consiste en lo espontaneo del omento, este vídeo realizado como promoción paralela de la película ‘El Mundo es Nuestro’ es el claro ejemplo de que en Sevilla sabemos reirnos de nosotros mismos. Humor cofrade hecho por cofrades (o no tan cofrades). Guasa gorda sevillana concentrada en formato de ficción y en la garganta de Amalia Acuña ante el estupor de una Eva Moreno que bien podría incorporarse al equipo de El Llamador. 2 minutos largos de pasión al que muy pocos se resisten de compartir año tras año. Eso sí, si eres de los que prefiere la realidad frente a la ficción programada, siempre te quedará el lamento de cierta señora jerezana