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Recuerdo como hace muchos años, en el instituto, una compañera de clase le preguntó a la profesora de Historia que “por qué teníamos que dar esa asignatura si todo eso ya había pasado“. La respuesta que encontró fue muy sencilla: para entender lo que pasa hoy en día en el mundo cuando abres un periódico. Efectivamente la Historia será cosa del pasado, pero al conocerla podemos entender como hemos llegado al día de hoy. La moda flamenca como tal carece de un mínimo de historia documentada y organizada. Casi todo lo que se conoce hoy día son los recuerdos aislados de lo que ha podido publicarse en revistas del corazón, en películas sobre folclore español y, mas recientemente, en las crónicas de pasarela de prensa escrita. Luego llegó internet y la mediatización de un sector que tenía mucho potencial y en el que mucha gente ha jugado a ser Dios sin carecer de una mínima base de conocimiento y sin saber quién es quién.

A todas esas personas que se creen que la moda flamenca nació con Vicky Martín Berrocal, que piensan que lo clásico es lo que se vio en SIMOF 2009 (por ser el más antiguo que aparece en Wappíssima) y que no quieren mirar como los volantes han estado muy vivos desde hace tiempo les recomendaría que no faltasen a un desfile como el que We Love Flamenco nos puso por delante para abrir su cuarta edición: nada más y nada menos que una retrospectiva de Justo Salao.

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Para los que necesiten ponerse en situación les diremos que Justo Salao fue uno de los primeros grandes modistos de la moda flamenca. Sus volantes vistieron a grandes folclóricas en películas, espectáculos o fiestas. Esa doble vertiente del traje regional en unos años en que la Copla y el Flamenco gozaban de buena salud fue lo que permitió que la flamenca fuese, por primera vez, moda. Moda al estilo de las grandes maisons de Alta Costura: trajes costeados, exclusivos, únicos y diseñados para las verdaderas reinas del glamour patrio: Carmen Sevilla, Paquita Rico, Marisol, Gracia Montes, Rocío Jurado o Marifé… Ya fuera en blanco y negro o en color, las tonadilleras vestían volantes y aquellos primeros modistos jugaron con el traje para crear ideas y tendencias que nos dejasen estilismos para recordar.

Esa fue la primera moda flamenca sin pasarelas en la que el trabajo era igualmente artesanal y se buscaba siempre la idea de tener un traje para cada mujer y cada ocasión. Y mucho ojo que, a pesar de las limitaciones, el trabajo de Justo Salao nos deja claro que no todo se ha inventado en los últimos años. Ya en los 60 y 70 había volumen, había volantes de capa con incontables metros de carrucha, tejidos poco flamencos llevados al traje regional, estampados llamativos, dos piezas y combinaciones de color de todo tipo. Había incluso inspiración flamenca en diseños que podrían considerarse de fiesta o en los trajes de goyesca que también forman parte de la costura regional. Efectivamente, la flamenca hace 50 años ya era moda y ya nos dejaba pinceladas que superasen la barrera de la neja enteriza, la falda canastera o los tres volantes. Había creatividad y diseño para un público más reducido y unos medios de comunicación menos masivos.

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De ahí la importancia de un desfile que debió de presentar el aforo completo, sobre todo de estudiantes, diseñadores (que los hubo y casi todos jóvenes) y “””entendidas””” de moda flamenca que solo saben decir “me encanta” a cualquier copia de Vicky Martín Berrocal, Juana Martín o Cañavate que ha salido en instagram. Esas personas a las que taaaaanto les gusta esto debieron de disfrutar de esta experiencia y conocer de primera mano como se trabajaba hace años. La visión de la flamenca de Justo es tan necesaria como lo es, por ejemplo, que Lina aún desfile en SIMOF. No hablamos de gusto personal, hablamos de formación y cultura (de hecho en este post no estoy comentando los trajes que lo ilustran, prefiero que cada un@ los interprete a su manera). Son los grandes maestros, los que inspiraron a quienes hoy nos hacen soñar con volantes y quienes rompieron por primera vez las reglas. Sin ellos nos costaría imaginar la carrera de algunos diseñadores que actualmente copan los “me gusta” en redes sociales.

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No molestarse en conocer su legado o en hacer una mínima aproximación al mismo es una falta de respeto no solo a la figura de alguien que ha hecho mucho por la moda regional, también lo es a la flamenca en sí. De todas formas esto no es un caso aislado en la flamenca: bucear en la historia de la cultura no es algo que precisamente lo hagan muchos.

Personalmente yo les diré que a este desfile fui a aprender y me sentí afortunado de poder estar ahí y recoger con mi cámara cada una de las salidas. No todos los días puedes disfrutar de una lección magistral de volantes y de folclore de las que se pueden sacar muchas conclusiones que nos permitan entender por qué vemos lo que vemos hoy en día en la pasarela. Eso es lo que hace la historia y eso fue lo que vistieron las modelos. Y ojalá que haya más lecciones así cada año al empezar la temporada.

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