Cartel de Rafael Laureano para las Fiestas del Verdeo de Arahal.

Cartel de Rafael Laureano para las Fiestas del Verdeo de Arahal.

El Ayuntamiento de Arahal ha decidido retirar el cartel encargado de anunciar la L Fiesta del Verdeo y ha invitado a los autores de los carteles presentados al concurso a exponerlos en la Casa de la Cultura los días 2 y 3 de Agosto para que la elección se realice por votación popular. De ahí saldrá el cartel que finalmente anunciará la 50 edición de nuestra fiesta.

Con esas mismas palabras anunciaba el Ayuntamiento de la localidad sevillana que la obra realizada por Rafael Laureano dejaba de representar a sus fiestas. Una obra polémica, que al parecer no ha gustado y que ha levantado toda clase de comentarios. Una obra encargada a un artista joven pero con experiencia, con un estilo personal y con una creatividad bastante solvente a la hora de fusionar el folclore andaluz con el diseño gráfico o la modernidad. Y lo más importante, una obra encargada a un profesional cualificado: Rafael es licenciado en Bellas Artes. Con su obra ya retirada estará por ver qué sale ahora de la votación popular que el Ayuntamiento se ha sacado de la manga (en otras palabras: no os gusta lo que hay, pues elegid vosotros que vuestra opinión es soberana).

Este episodio es tal vez el más salomonónico en la historia de los carteles andaluces, pero sirve también para hacer una reflexión: el Cartel como tal, además de ser un elemento publicitario, es una obra de arte realizada por una persona que, se supone, debe ser a la vez artista y profesional. Y recalco lo de profesional: en pleno 2016 todavía asistimos al ejemplo de la mujer de un concejal, el cuñado de un hermano mayor o el primo del prioste que resulta que no sabe qué hacer con su vida y un día decidió que lo suyo era pintar. Y pintó un cartel. ¿Formación?, ¿Aprendizaje?, ¿Cultura?, ¡¿PARA QUÉ?! Es solo el cartel de unas fiestas patronales, de una salida procesional o de una romería. No hace falta: al parecer con la intención y el sentimiento bastan para firmar carteles de dudosa calidad artística, dignas del mejor experimento kistch y llenos de tópicos facilones que despierten el aplauso fácil de un público conservador y que prefiere que las pinturas esas no se hagan en su pueblo. Pinturas que casi nunca firma un profesional… ¿Qué más da? Es solo un cartel.

Pues mire, si que da, si que importa: en el arte, como en cualquier otra profesión, hay que dejar hueco a quienes realmente se han dejado la piel por hacer carrera en aquello que les gusta. Nadie se entromete en la labor de un médico o de un abogado, mucho menos discutir su trabajo, pero en el arte es diferente. Resulta que cualquiera es artista, cualquiera que pinte un cuadro o haga montajes curiosos con aplicaciones de teléfono móvil es un artista equiparable a quienes salen de una facultad o escuela de arte. Esto además no es exclusivo del gremio de cartelista: cualquiera hoy en día es diseñador de moda, cantante, bailaor, diseñador gráfico y un largo etcétera de profesiones relacionadas con las industrias culturales que cuentan con centros o escuelas con formación reglada o estudios superiores. Hay quienes incluso se autodenominan o etiquetan como artista sin haber hecho nada más que tener un buen padrino y luego ni se molestan en reciclarse. Total, ¿Para qué? Si yo mismo me puedo dar el título. Tras ese artista autoimpuesto suele venir un público que, al parecer, también maneja una esplendida cultura general que le permite estar por encima del bien y del mal o masacrar la opinión de un jurado profesional, tachando incluso de élite a un grupo de personas que están haciendo su trabajo. Pues mire, esa élite de intelectuales pedantes y entendidos lo mismo es necesaria para evitar que auténticas bazofias usurpen el lugar del arte y quieran equipararse a trabajos que deberían estar donde les corresponde.

El Ayuntamiento de Arahal apostó por alguien con valía y profesionalidad, por una persona que, entiendo, se esforzó en sacarse su carrera y ha luchado por comer de lo suyo. Diría incluso que no fueron a ciegas: el mismo Rafael fue recomendado por el jurado que dejó desierto el concurso inicial además de que es fácil encontrar por internet su obra y hacerse una idea de como es su estilo. Y de igual manera que no se contrata a nadie sin experiencia o sin título para muchos trabajos, ¿Por qué no se aplica el mismo criterio para trabajos así? En el arte además hay profesionales que deben no solo cumplir con encargos, también deben aportar, crear cosas nuevas y remover conciencias. Incluso deben no gustar. La indiferencia en el arte es más letal que cualquier comentario destructivo. Rafael hizo una obra diferente, que rompe con la estética obsoleta del cartel andaluz y que aportaba cosas nuevas. Visto lo que ha pasado nos queda claro que el público a quien iba dirigido no estaba preparado para asimilar esta obra. Ellos se lo pierden: podrían haber vendido con orgullo y originalidad las fiestas de su pueblo y no con el cuadro tópico de turno.