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Desfile de Jose Galvañ en We Love Flamenco

Son la misma palabra en femenino y masculino. Una representa a nuestro género musical más genuino, la otra define el vestuario o atuendo que lucen sus artistas y que actualmente es la fusión entre el traje regional que se lleva en las fiestas andaluzas con los volantes que nacieron para lucirse en un tablao. Pero la (moda) flamenca y el flamenco últimamente no están tan unidos como parece. De hecho podríamos hablar casi de un divorcio gitano: si hablamos con diseñadoras y firmas nos dirán que la inversión de las grandes artistas en un vestuario costeado y concreto para sus espectáculos ha descendido mucho en los últimos años. A ello se une que cada vez hay más cantaoras que prefieren un traje o vestido de fiesta a unos buenos volantes para salir a cantar o que, a base de prestamos, se esté desvirtuando la función del vestuario como parte activa de la imagen que compone un recital flamenco. Parece que esa época que tantas buenas imágenes nos dejó ha pasado o sencillamente ahora no se lleva. Honrosa excepción son las bailaoras que sí mantienen las batas de cola o las faldas de volantes como atuendo casi obligado en sus actuaciones. Y honroso también es que el mantón de manila mantenga su presencia sobre las tablas.

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Puede que sobre el escenario Flamenco la relación no brille como si lo hacía antes, pero si nos trasladamos hasta una pasarela Flamenca la situación cambia: el cante, la raza y la jondura siempre inspiran y están detrás de muchos diseños o colecciones, más en una temporada como la que estamos cerrando en la que el lunar negro sobre fondo blanco ha sido el gran protagonista de la campaña. El flamenco, como elemento que nos lleva a la flamenca más gitana y de caracter, ha estado visible tanto en We Love Flamenco (el nombre ya lo dice todo) como SIMOF. Ha sido la forma en que muchas costuras se han alejado de esa flamenca pavisosa ñoña de canasteros escasos en metros, colores empolvados y mantoncillos de pija sevillana. Había que cambiar el chip, había que recuperar esa moda flamenca clásica de verdad, la que pisa fuerta la pasarela y con ganas, la que se divide entre el rojo de un clavel, el temperamento del negro o la pureza del blanco. Probablemente estas flamencas no estarán en la Bienal que se celebra estos días en Sevilla (y que ha sido el motivo de este post), pero a los volantes había que ponerle sal, sol y son y así lo han hecho sobre la pasarela varios diseñadores:

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Jonathan Sánchez “Ventura”. El último ganador de nóveles de We Love Flamenco es también el último ejemplo de bailaor que prueba suerte como diseñador. Cambiar los zapatos por los volantes le ha dado suerte a la primera, con una colección que pareció una declaración de intenciones y que tendrá su continuidad, ya como profesional, en la quinta edición de la pasarela. ¿Estará el Flamenco presente entre sus nuevas propuestas? En pocos meses lo sabremos.

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José María Tarriño. Su nombre está ligado al mundo del baile y, antes de desfilar, ya tenía labrada una carrera como modisto y vestidor de figuras del flamenco. Actualmente su desfile es el único dedicado casi por completo a la flamenca de baile, con un claro predominio de negros, tejidos con mucho movimiento, faldas hechas para algo más que pasear y presencia de mantones de manila que llegan a ser pieza clave en los estilismos. Su visión chocará a algunos, pero desfiles como el de José María Tarriño se agradecen en las pasarelas para recordarnos que la flamenca, además de Feria, es Flamenco.

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José Galvañ. El suyo es otro de los casos en los que unas tablas se compaginan con otras. Bailaor y diseñador, José nos presentó en We Love Flamenco una colección inspirada en la Antigua Grecia, con colores y formas que evocaban el pasado clásico de la Hélade pero en la que también se intuía su profesión: batas de cola, tejidos vaporosos con mucho movimiento, nejas enterizas y actuaciones entremetidas en el desfile nos recordaron su doble faceta.

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Aurora Gaviño. Rara es la edición de la Bienal en que su nombre no aparece en los créditos de varios espectáculos. Los volantes de Aurora se han convertido en todo un fetiche para muchas cantaoras y es fácil ver esos volantes de retales o los encajes en tonos beige o morado subidos a algunos de los escenarios que estos días acogen el Festival. Al mismo tiempo, las referencias al flamenco siempre acompañan a las flamencas de Gaviño en sus colecciones. Una reciprocidad que, a su manera, une de muy gitanas maneras el flamenco y la flamenca.

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Camacho Ríos. El onubense tomó prestada la esencia más arraigada del flamenco para dar forma a su segunda colección de flamenca, una propuesta que giraba entorno a ese concepto para fusionar su flamenca más romera con el compás propio de los volantes más agitanados. El baile final con el que él mismo se arrancó y el mismo nombre de la colección ya eran en si una declaración de intenciones: ‘Con el Flamenco en el Alma‘.

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Lina. Además de ser uno de los estandartes de las flamencas de feria, los volantes de Lina también son conocidos por vestir con grandes batas de cola a bailaoras o con diseños más ligeros para cantaoras o coros. Solo hay que echar un vistazo a la hemeroteca de la familia Montero para ver que su trabajo vistiendo al Flamenco y a la Copla han sido una constante desde el nacimiento mismo de la firma. Además durante la Bienal suelen recibir a artistas o aficionadas al flamenco que van hasta la tienda de la calle Lineros buscando algunos de los diseños de la colección cápsula que preparan casi en exclusiva para cada edición del Festival.

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Pilar Vera. La diseñadora llenó el escenario de color y de sillas de enea, un marco bien elegido para sus flamencas que, como su nombre dicen, pisaron la pasarela cual tablao flamenco. Sin renunciar a su estilo personal, Pilar Vera nos ofreció una primera parte en su desfile dedicada a las nejas enterizas, los volantes de capa, la fuerza de los colores y lo bien que sienta un lunar negro para mover los trajes a compás. Estilo setentero, de festival flamenco que recordamos en blanco y negro, y de flamencas gitanas que sin duda merecerían pasearse por la Bienal.

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Faralaes. Los volantes de Juana y Carmen recorrieron este año diferentes estilos de flamenca comenzando con una propuesta en rojo, negro y blanco que guarda consonancia con esa tendencia tan extendida en 2016 de nejas enterizas, aires setenteros y sus pinceladas de flamenco en cada volante que ya se intuía en el mismo nombre de la colección: ‘Azúcar, canela y clavo’.

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Carmen Acedo. La diseñadora trianera suele abrir sus desfiles con el baile de La Jera, pero este año lo hizo con un toque más flamenco si cabe: tres bailaoras se repartieron por la pasarela del Alfonso XIII por la que a su vez desfilaron las primeras modelos de la colección ‘Macandé‘ en una conjunción que rara vez se deja ver (lo normal es que primero vaya la actuación y luego empiece el desfile). Auténtica fiesta flamenca con cante en directo donde flamencas y flamencos se unieron de una forma que, esperemos, se vean en más ocasiones.