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En los años 70 el programa ‘Cantares’ presentado por Lauren Postigo se convirtió en el mejor escaparate para la música española en televisión. Copla y Flamenco vivían una especie de duopolio lírico como exponentes del folclore patrio, pero en uno de sus programas el propio Lauren Postigo comenzó hablando de Aragón y de la Jota Aragonesa, un cante y género musical tan español y costumbrista como lo son las sevillanas, una zambra o las bulerías. Sirva esta comparación para recordarnos como a veces simplificamos nuestra propia cultura a los tres tópicos que desde fuera mejor se acomodan a los gustos de propios y extraños. Lo español y lo andaluz parece que debe estar ceñido a unos pocos parámetros de lunares, volantes, toros, claveles, flamenco y demás repertorio que en los últimos años ha vivido un renacer impulsado precisamente desde la industria de la moda.

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Este compendio de ideas que llenarían mil postales de typical spanish son las que NO ha necesitado Leandro Cano para su nueva colección. Por tercera vez el diseñador jienense ha vuelto a llevar a la pasarela a una mujer andaluza sin necesidad de caer en lo de siempre. Porque Andalucía es también un pueblo blanco. O una noche de verano en la que sales a tomar el fresco a la puerta de casa. O una verbena en la plaza principal en la que no faltan bombillas o su barra de chapa. O una sencillez de andar por casa a la hora de vestirse con prendas holgadas y adaptadas a nuestro estío. ¿O acaso no es muy andaluz el ver a una señora con bambo?

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El costumbrismo que diseña Leandro Cano (y pinta Carlos Buendía de nuevo en los estampados) en ‘Amarás la Noche‘ es tan andaluz como una Feria de Abril, pero el discurso aquí no parece exaltar ni reivindicar nada, simplemente se deja llevar por esa sencillez y cotidianeidad de vivir en un pueblo, una experiencia que, aquellos que vivimos entre pueblo y ciudad, sabremos entender. Les pondré como ejemplo el mío propio: la noche de verano en Lebrija se resume en la Plaza de España llena de gente en los bancos o en las terrazas.

Esa reunión tan propia de la infancia o adolescencia es lo que aúna los diseños de la propuesta: vestidos entallados con pequeños volantes, cuellos de camisa con manga corta, faldas con todo tipo de largo, volúmenes creados a partir de los tejidos (y sin rellenos pomposos), volantes despojados de cualquier ápice de flamenqueo. Lo que las niñas que ya no son tan niñas llevan en esas noches de verano son la base de unos diseños que invitan a un paseo por Vejer o a una noche en la playa.

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El resultado final es de lo más agradecido para el público o la prensa que reclama unas colecciones que buceen en el imaginario colectivo de nuestro folclore y no se queden en unas ideas superficiales que, por cierto, empiezan a dar signos de agotamiento. Y es agradecido porque no hay que vestirse de flamenca para buscar el sur: en ‘La Casa de Bernarda Alba’ se vestía de riguroso luto mientras que en ‘Bodas de Sangre’ nadie se puso de volantes, pero a nadie se le ocurriría negar la influencia de Lorca en el legado que ahora se explota como cultura andaluza.

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El blanco como base de un juego de cromatismo en pocos colores pero muy atrayente, la amapola como alternativa al clavel o la rosa, el volante como evocador de un verano entre amigos y el recuerdo de unas vivencias que nos hacen ‘Amar la noche’ o no renunciar a ese estilo de vida alejado de grandes ruidos y que, esperemos, no se pierda. Así se abstrae una colección que pone de nuevo a Leandro Cano como uno de los mejores diseñadores que tenemos actualmente en el panorama nacional y que está haciendo una de las lecturas más fascinantes de nuestra cultura. Ojalá más veranos como los suyos sobre las pasarelas…

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Fotos procedentes de la web de Vogue.