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Diseños de Lina en SIMOF 2017

“Uy si llega a salir antes este Vogue…”

Recibía hace dos días este mensaje. La frase hacía referencia al hecho de que las dos cabeceras de moda flamenca ya habían puesto sus cartas sobre la mesa y publicado sus ediciones impresas con editoriales y sesiones de fotos dedicadas a los volantes. Ese “Uy” fue motivo suficiente para acercarme al kiosko por la revista. Efectivamente la portada de Marzo de Vogue ya adelantaba un número en el que el folclore patrio sería el eje del mismo en clara referencia a como las grandes maisons de moda continúan mirandonos para crear sus colecciones de primavera-verano. Así es: dos editoriales dan cuenta de ello. El primero además realizado en Sevilla con lugares tan recurrentes como la Plaza de España y el Hotel de las Casas de la Judería. Facturación exquisita, medios técnicos envidiables y todo perfecto. Habrá quien salte en redes sociales diciendo que “Ole España”, “Viva España”, “Somos inspiración”, “Lo nuestro es tendencia” y “Ole muy español y mucho español”.

Pues miren, no. Esta vez NO. Esta vez no hay nada, absolutamente nada, por lo que sentirse orgulloso. Nada de nada. Llevamos años diciendo que lo nuestro es tendencia, viendo como nuestro exotismo a ojos de un europeo genera grandes editoriales de moda y luego vamos a nuestros espacios en redes sociales a felicitarnos porque los grandes nos copian, qué bonito es lo flamenco y viva Lola Flores. Pues no. Ya basta. Ya basta de palmear contenidos que se inspiran en el estilo del sur y se olvidan de un pequeño pero importantísimo detalle: que aquí hacemos y creamos MODA FLAMENCA.

Si, Moda Flamenca: más de 100 desfiles, 4 pasarelas, 2000 trajes, mucho trabajo detrás y ni un mísero diseño que sea merecedor de aparecer desenfocado en el fondo de cualquiera de estas fotos. Está claro que Vogue se debe a sus anunciantes y a su línea editorial, es lógico, pero algún día las principales revistas de moda españolas (o con edición española) deberían enterarse que aquí abajo creamos, fabricamos y vendemos moda. Porque parece que no se enteran. Una moda hecha de volantes, de creatividad y de innovación. Una moda que no es rancia, que se atreve a romper moldes y a crear nuevos discursos. Una moda que se adapta a la funcionalidad propia del traje regional que la mueve y una moda que mueve muchísimo tráfico en internet. Una moda que… no sabe venderse a sí misma.

Y ahí está la otra mitad del problema: nos falla el marketing y la comunicación. No sabemos vender ni sabemos hacer llegar a quienes manejan la moda en nuestro país la idea de que esto NO es un sector de costureras y modistas catetas que se dedican a hacer trajes de flamenca. Ha habido intentos pero el discurso falla y no cuaja de cara al exterior. Esto es una industria fuertemente creativa en el que se está haciendo mucho por renovar y crear un nuevo lenguaje en pasarela, pero parece que a día de hoy solo le interesamos a la prensa nacional cuando viene el famoso (cuando no famosillo de cuarta) a posar en el fotocall o a desfilar unos volantes con la misma gracia que tiene cualquier flamenca cuando vuelve a las 7 de la mañana de la Feria por la calle Asunción. Señores: ¿Creen ustedes que así la moda flamenca va a alguna parte más allá que a la prensa del corazón? Si. Habrá prensa y agencias, pero no esperen que Vogue o Telva muestren interés por nosotros. Así no.

Con este fallo a la hora de vendernos y con el desinterés de la moda española hacia la que se podría considerar como su hija lo que queda es un sector condenado a ser muy autóctono, a depender de medios locales, regionales o especializados para tener eco mediático y a que las redes sociales den voz a ese silencio que la prensa de moda nacional nos reitera. Y es una pena, porque al menos de manera testimonial se podría recordar que tenemos diseñadores y firmas de renombre que diseñan piezas de gran valor, con buenos acabados y con un patronaje que a veces requiere más pericia que el de una colección de pret-á-porter. Pero eso parece que no va a ocurrir. Nadie en Vogue parece interesado en las mangas de Cristina García, en los volantes de Ana Morón, en la solera bien llevada de un traje de Lina, en la labor artesanal de Juan Boleco con el macramé o en la elegancia de José Hidalgo. Y digo ellos por solo citar algunos ejemplos. Creamos moda, tanta moda que hasta vamos a desfile por día, pero se queda para nosotros, para unos apasionados que le echamos tiempo vital a los volantes y lo seguiremos haciendo a falta de que otros lo hagan. Mientras tanto el arsenal de tópicos más rancio seguirá ahí, como el abanderado de una cultura española que inspira a otros o resulta muy apetitosa para mezclar prendas de Dior, Armani o Dolce&Gabbana, plantarlas en Sevilla y hacerse las flamencas olvidando que a pocos kilómetros de donde se están haciendo esas fotos se encuentran los talleres que hacen que esto se mantenga y que luchan día a día porque los volantes tengan el sitio y el espacio dentro de la moda española que, a día de hoy, no tiene ni de lejos… ¿Cómo es posible que a la prensa se le llene la boca con el folclore y luego no quieran ni tan siquiera preguntar qué es lo que estamos haciendo?

Muy sencillo: NO interesamos ni importamos nada.

Y al final el mejor consuelo que quedará es que haya gente que no solo admire, también consuma esa cosa llamada Moda Flamenca, de la que muchos hacen bandera nacional pero que muy pocos fuera de Andalucía se molestan en conocer o en ver como la técnica y la costura que se cocina aquí abajo no tiene nada que envidiar a lo que llena editoriales y cabeceras de moda que toman nuestra identidad pero se olvidan de lo más importante: nuestra moda que, por cultura, también es “suya”.