De un linense a otra: si Carmelo se caracteriza por ser «muy de su ciudad», Triana es justo lo contario, una coplera que no sigue los pasos de la escuela que más ha aportado al programa. Ni exagera, ni se ve muy marcada para el drama ni grita demasiado en los altos. Lo de Triana Muñoz es otra cosa.

Lo primero que queremos destacar de Triana es su voz: el color y tono que tiene es personal y distinto, personalmente nos gusta mucho y una gravedad controlada y bien llevada. Pero una buena materia prima debe trabajarse bien y en el caso de Triana, su bonita voz debe luchar por ser buena. Puede que sea por juventud y por falta de doma vocal, pero en sus pocas actuaciones hemos visto una carencia a la hora de respirar y de controlar la modulación de la voz, algo que, como dice Pive a algunos concursantes, «tiene arreglo» y que también es consecuencia de la otra virtud de Triana: el baile. Si recordais, el programa nos la presentó como una bailaora que cantaba y de hecho la hemos visto pasear (muy bien por cierto) la bata de cola, aunque esa arma de doble filo viene a mostrar como aquellos que empezaron bailando cuando salen a cantar se olvidan de que hay que hacer dos cosas a la vez y no por separado.

Mucha madera de artista vemos en Triana pero también muchas cosas por pulir y, sobre todo, buenas intenciones de mejorar y de ser más completa en la linense. No sabemos si ha entrado antes de tiempo al programa, pero noa habría gustado verla concursar con sus aptitudes mejor estudiadas y trabajadas para dar lo mejor de sí. Y como su voz nos gusta, nos quedamos con «Con mis propios ojos» donde la ausencia de baile le permitió recrearse solo con la parte vocal:

A Favor: expresión corporal de 10, buena presencia y voz personal.

En Contra: le falta domar la voz. Tiene al público de su lado pero no al jurado.