Su trayectoria despuntó en un 2013 en el que el contexto de crisis económica puso al sector de los volantes en una encrucijada: había que renovarse y adaptarse. Dejando la creatividad más arriesgada para la gente joven que estaba por llegar, Rocío Peralta inició aquel año (en SIMOF) un camino que ha sido la constante en su flamenca: sus trajes son de toda la vida, su desfile no. Un espectáculo, un show que cada año tiene la finalidad de entretener, viajando por el mundo o por épocas pasadas para hacer que su flamenca de pasarela sea tan disfrutona como lo debe ser luego en la Feria (de Sevilla).
En un 2026 en el que la flamenca busca lo tradicional (y no precisamente por carencia económica), el viaje nos lleva cerca, a un Al Andalus con la caracterización o el estilismo muy en su sitio, al igual que la localización, la sede de la Fundación Tres Culturas. Por allí pasaron 40 modelos (literalmente, fueron 40 trajes sin que ninguna de ellas repitiese salida) con las que se sacó partido al espacio, creando un recorrido propio de desfile de tiempos pasados (es decir, sin pasarela) y una coreografía que, todo hay que decirlo, se desarrolló sin apenas fallos del directo.

El ramillete o conjunto final no se sale del guion, tampoco lo necesita, pues estamos en un momento o en una tendencia en el que de repente a todo el mundo le ha dado un ataque de clasicismo y resulta que ahora todas las flamencas son Carmen la Cigarrera presumiendo por la calle. Si quienes hasta hace 3 años jugaban a la carta de la flamenca fashion ahora se ponen en clave volantes para-caseta-de-un-modulo, ¿Qué necesidad tiene Rocío Peralta de variar su estilo ahora que el viento le sopla a favor?
Exacto: ninguna.
Por tanto es de agradecer que ella sea coherente con su estilo y nos presente lo que queremos ver en sus volantes: alegría, colorido, lunares y Feria, mucha Feria de Abril. Siendo más concretos, de esta colección destacamos ciertos puntos:




- Aunque el rojo no pierde su protagonismo, el verde y el morado en diferentes tonalidades ganan mucho espacio siendo la combinación de lima con turquesa una de las que yo apuntaría para la temporada.
- Las faldas, cada vez, más elaboradas: la recuperación de perforados, pasacintas y demás ornamentos dibujan unos volantes en faldas que a veces tiran por la corriente noventera y otros hacen que el traje se vea más generoso en volumen. Hay más volanteo, en general.
- No solo de la manga larga vive la flamenca clásica. Y si nos vamos a poner estilo años 90, nada mejor que unos buenos volantes al hombro. O una manga corta de volantitos, tan del estilo de Rocío.
- Fluores y dorados siguen teniendo espacio. En los últimos años han aparecido en los desfiles de Peralta dos ideas que se han ido manteniendo, quién sabe si por gusto personal de ella, y que ocupando un espacio secundario, da la sensación de que podrían dar más juego. Nos referimos a tejidos en colores flúor o a los estampados que incluyen detalles en dorado. Lo primero aparece en unos pocos trajes en colores lisos (otras veces ha sido en lunares) mientras que lo segundo se va al cierre de colección, mezclando estampado floral con rallas doradas en una composición a la que le sienta bien el perfil clásico de Peralta.
La sensación, en general, es similar a la de años anteriores: trajes vistosos, colores llamativos y volantes agradecidos. Una flamenca por/para el albero de Los Remedios que hasta se ve un poco crecida y con razón: sabe muy bien que el traje que lleva es el que muchas quieren ponerse.






















