Obertura en tres actos. Que en realidad fueron cuatro, pero en nuestro caso ayer nos quedamos sin epílogo. We Love Flamenco abrió en la tarde del miércoles su decimocuarta edición con una primera tanda que el resumen perfecto de lo que podemos esperar en esta pasarela: un diseñador que aúna moda convencional con flamenca clásica, una diseñadora cuyos volantes son Feria de Sevilla pura, una Casa que es santo y seña del bordado artesano y un carrusel de propuestas rocieras que, a estas alturas, deben tener tanto protagonismo como la flamenca Del Real. Veamos como fueron las tres primeras colecciones completas que desfilaron:

José Hidalgo, ‘Agua’. Atención, pregunta: ¿Podría darse el caso de que tu colección más fresca y novedosa en años sea a la vez la más clásica que hayas plantado en el último lustro? Pues esa es la impresión con la que José Hidalgo nos metió de lleno en We Love Flamenco. ‘Agua’ es la propuesta en la que el diseñador parece aparcar por momentos el concepto de vestido de feria y vuelve a darle más atención a lo que un público conservador entiende por traje de flamenca. A su manera, pero vuelve. El resultado te invita tanto a la Feria como al Rocío, cede el protagonismo a colores vivos, incorpora estampados florales y se aleja de las geometrías, los tonos fríos y el exceso de color Block de sus últimas propuestas. Esta es sencillamente la colección tradicional de José Hidalgo para la tendencia clásica que nos predomina. Hay incluso un poco de caos (ahí está ese final de lentejuelas más próximo a otras colecciones que a esta en sí), un salirse del guion por parte de alguien que escribe con caligrafía estupenda pero esta vez ha querido hacer un garabato y divertirse. Y esto no es nada nuevo: todas las grandes divas saben que después de hacerse la intensa, lo mejor es ponerse disfrutona. Brindemos por el disfrute. Con un cubata. En vaso ancho.

Luisa Pérez, ‘Coraje’. Se decía que Concha Piquer cantaba en un tono pero ¡Qué tono! Algo así podríamos decir de Luisa: se maneja como pocas en ese perfil clásico de pequeños lunares, cuerpos enterizos, tejidos vaporosos o con movimiento y faldas que van dibujándose de volantes, algunas veces más ortodoxos, otras veces con unos juegos de simetrías muy peculiares. A esa base que identifica el trabajo de Pérez le acompaña en 2026 una selección de colores que tiene muchas lecturas: si viéramos cualquiera de los tejidos en un muestrario, los pasaríamos de largo. No nos engañemos: son tonos o colores que de primeras, muy pocas escogerían… solo que aquí funciona y muy bien: los cruces de verde con marrones, el albero, los morados con grises o los rojos que tiran hacia el vino componen una gama cromática cuya clave está en el siempre presente mantoncillo: ya sea por contraste o por serialidad, el complemento estrella de la temporada es clave a la hora de decantarse por un traje u otro entre los que nos trae Luisa. Y ojo, será clásica, pero hay que tener ‘Coraje’ para llevar en la Feria algunos de estos colores.

Foronda, ‘Artesanas’. En el contexto de que todas las flamencas quieren llevar si o sí mantoncillo, la Casa Foronda puso en valor en su desfile dos ideas: la artesanía del bordado y la importancia del mantón como una prenda esencial de la etiqueta española. Para el desfile de 2026 repitieron esquema respecto a años precedentes aunque con novedades e ideas «para apuntar», porque ese final en el que los mantones se transformaban en trajes de noche gracias a unas pocas puntadas y al uso del corsé para armarlo en los cuerpos de las modelos (o los complementos de Álvaro Garval) dibujaba una especie de reivindicación por parte de la casa centenaria de que lo suyo no es secundario: es protagonista, como también lo son las mantillas, las blondas o encajes hechas vestido o, por supuesto, los mantoncillos que nunca le deben faltar a una flamenca clásica.