La tercera tanda de desfiles de We Love Flamenco fue también la primera jornada larga de la pasarela. Puede que todavía sea pronto para sacar conclusiones aunque hay una más que obvia: quién conoce su estilo lo está recreando. Ello nos está dejando una temporada donde hay colecciones que agradecerían un recorte, que concentre los impactos o las ideas en unos pocos trajes y dejen los básicos para tienda/taller. Aún así, si estamos viendo más de un volante que anima a renovar armario o una colorimetría que, terminadas las pasarelas, analizaremos. De momento vamos con los desfiles del viernes:

Lola Azahares, ‘Ovejas Negras’. Con esta firma hay un pequeño problema que, en realidad, es bastante común en la moda flamenca: el tomarse demasiado en serio a sí misma. Mientras hay quienes directamente salen y disfrutan (y eso se vio esa misma tarde), en Lola Azahares nos plantan un vídeo a medio camino entre sesión de mindfullness y libro de coaching para… presentar una colección y un desfile que tenían al mismo tiempo un potencial tremendo y a la vez una desvinculación absoluta con el nombre de la colección. Vayamos por partes:

La base de la propuesta era buenísima: una selección de temazos dosmileros lo amenizaba todo. Ahí estaban ‘Dirrty’ o ‘Can’t Hold Us Down’ de Christina Aguilera, ‘Buttons’ o ‘Don’t Cha’ de The Pussycat Dolls, ‘Maneater’ de Nelly Furtado o ‘Milkshake’ de Kelis. Literalmente podría ser una lista de reproducción que tengo guardada para salir a correr. Para añadir efecto dos mil, los colores: turquesa, rosa, verde, naranja, los camel… la paleta de colores que en 2004 habría vestido el catálogo completo de Roney. Si se quería reivindicar lo que se llevaba hace 20 años, el camino estaba más que hecho (hasta algunas faldas, escotes o incluso acabados me llevaban a mi adolescencia ferianta) y solo quedaba salir a divertirse y disfrutar. Pero al igual que con el cambio de milenio nos quedamos esperando la llegada del efecto 2000, aquí estaba por ver dónde quedaba la nota discordante que anunciaba el discurso previo, dónde estaba la oveja negra, porque la colección representaba un estilo de una firma que ya se reconoce por sí sola, se inspira en unos años donde la flamenca explotó como negocio y puso una música conscientemente prefabricada y que vendió miles de discos. Mucho mainstream para poco indie.

Paco Prieto, ‘Sevilla de Seda’. Una neja enteriza, un escote cuadrado, un cuello a la caja, una peina y una gran profusión de estampados o lunares que no se repiten en ningún traje. Haciendo siempre reconocible su flamenca y su gusto porque se luzca el cromatismo de los tejidos, Paco Prieto nos presentó a mujer colorista, primaveral y fiel a un estilo regio y elegante, con empaque. Como suele ocurrir en firmas como esta la clave de cada año suele estar en las telas escogidas y hemos de decir que en este 2026 las flores, como veis sobre estas líneas, captaron casi toda la atención del desfile.

Rocío Olmedo, ‘Fiesta’. Ya lo decía Cindy Lauper: las chicas solo quieren divertirse. Y si te lo dice Rocío Olmedo, tú lo compras. La sevillana es de esas personas con un carisma natural que logra hacer partícipes a los demás de lo suyo, ella hace porque quieras acompañarla aunque sepas perfectamente qué flamenca te va a plantar: cortes a la cintura, mucho volantito al hilo, faldas que quieren moverse, mantoncillo obligatorio y lunar (mayoritariamente negro). Estilo clásico y netamente de caseta de un módulo que, con otro planteamiento, se haría monótono, pero ella quiere divertirse, contagia esas ganas a las modelos, ellas lo propagan al desfilar y al final le queda un show la mar de entretenido con unas flamencas que saben que cuanto más chunga es la caseta más guapos son los chicos mejor es la Fiesta.

Iván Campaña, ‘Oasis’. Superada y asimilada su llegada a We Love Flamenco, Iván Campaña continua su andadura en la pasarela con su nueva colección de fiesta con un filtro quizás no muy flamenco, pero con sitios para concesiones, ¿O no es acaso la Feria una fiesta en la que gusta de ir bien arregladas? Bajo esa premisa no solo la parte en rojo se acomoda a lo que pide el albero, también los negros del final o los champagne, dorados y naranjas del comienzo. Una pasarela donde el brillo y la feminidad pisaban fuertes para guiarnos hacia un final que fue un acto de reverencia a la propia pasarela y al sector: cerró con un traje de flamenca.

Pablo Retamero y Juanjo Bernal, ‘Triniá’. Si la cosa en 2026 iba de tirar hacia lo tradicional, hacer una colección en la que das tu versión de lo sevillano era una vía más que obvia, máxime cuando la amplia mayoría de diseñadores lo han hecho alguna vez. La Sevilla de Retamero y Bernal se viste de los colores clásicos de la flamenca: rojo, blanco y negro, junto a lo primaveral de amarillo y verde (el albero aquí se sustituye por marrón o camel) así como el aire sacro de la gama de morados. Todo en su sitio y en una propuesta estructurada en grupos cerrados (un básico de los desfiles de este dúo) en el que dentro de cada uno había espacio para flamenca tradicional y otra más a la moda, con trajes clásicos junto a escotes pronunciados (qué bien le sienta un halter a la flamenca Cloé), cuerpos entallados o volantes altos. Un ramillete de contrastes en el patronaje perfectamente orquestado, que permite visualizar como un mismo estilo sirve para vestir a cualquier flamenca y en el que los diseños de los bordados se robaban la atención en no pocos trajes. Y un apunte: como ejemplo casi de enciclopedia de cuál es la flamenca actual esta Triniá es más que perfecta.