Ante la duda, lo clásico. SIMOF afrontaba su edición de 2026 con un plantel de diseñadores que, seamos francos, no luce tan variado ni tan puntero como en años anteriores. La frescura y la vanguardia de ediciones pasadas ha desembocado en un trigésimo primer capitulo de esta pasarela cuyo arranque se ha entregado por completo a la flamenca tradicional. En sustitución de esos jóvenes que llegaron a ser determinantes, vimos nejas enterizas, canasteros, volantitos, mantoncillo y traje regional sin aditivos.
Es la conclusión que se saca de un jueves que parece más bien el sábado tarde de mediados de los 2000, con cuatro firmas que hicieron más flamenca clásica que de pasarela y un cierre que, a nivel moda, llegó al final y sirvió todo lo que queremos ver cuando hablamos de hacer moda y flamenca. En general se echó en falta ese juego de equilibrios al que nos tiene acostumbrados el evento organizado por Fibes y Doble Erre, con un jueves donde se vieran representados diferentes tipos de volantes pero, por algún motivo, así ha sido este año. Veamos como fue esta primera tanda.



Pilar Vera, ‘Sin Tiempo’… y sin sorpresas. Los años posteriores a la pandemia nos han traído la versión más clásica de Pilar Vera, hasta el punto de que sus colecciones se limitan a dar su versión más genuina o sevillana sin dar lugar a otras ideas. A falta de esa Pilar que se permitía jugar con la moda al dar un final (o comienzo) variado y rotundo, este ‘Sin Tiempo’ si incluye ese traje blanco o rojo que siempre quieres encontrarte en Feria junto a dos colores que funcionan muy bien en los canasteros made in Vera: el amarillo y el morado. Todos ellos salpicados por lo que es el must de la flamenca actual: los bordados de flores.



Miabril, ’10 primaveras’. Clásico, sencillo, acompañado siempre de mantoncillo y en colores principalmente alegres. Todo por y para la clientela, para la caseta de un módulo o para el Rocío, distinguiéndose en pocos detalles qué traje es para una fiesta y cual para otra. Una creatividad sin precedentes.



Sara de Benítez, ‘Entre Córdoba y Sevilla’. Al igual que está pasando con otras firmas, Sara de Benítez es de esas diseñadores que tiene una identidad propia, una flamenca reconocible, pero que en los últimos años ha sucumbido a la flamenca de instagram, metiendo trajes genéricos en los desfiles y que hablan poco de ella. En esta colección pasa: están sus volantes rizados, los bordados, los lunares grandes y los tonos pastel que tan bien le funcionan, pero cuando la propuesta deriva hacia trajes muy comerciales, que se desvían de la mano de su creadora, se pierde un poco la magia.



Aurora Gaviño, ‘Desde 1986, 40 años… de momento’. Un dato que a lo mejor no le interesa a nadie: cuando Aurora Gaviño comenzó en la flamenca, yo… nací (si, un servidor cumple 40 este año). Toda una vida que ahora ya afronta el relevo generacional en sus hijas que casi se vio de manera explícita: la propia Aurora arrancó el desfile saliendo a pasarela y a ver todo el show de aniversario (como una espectadora más) rodeada de las cantaoras que pusieron voz a una colección que efectivamente celebraba aquellos años en los que la «flamenca Gaviño» adquirió nombre propio: ese final de los 2000, esas temporadas de Se Llama Copla y ese estilo que se cimentó sobre Flower Power es lo que (las hijas de) Aurora llevaron a los trajes para poner volantes a la fiesta.



Gil Ortiz, ‘Rocieras’. Su regreso en 2025 traía una declaración de intenciones, un ahora si que si. Juanfran ha demostrado ser un gran creativo al que le costó dar con la tecla comercial en su flamenca… Hasta el año pasado. El precedente a ‘Rocieras’ sentaba las bases, y aquí se explota en su mejor versión: flamenca de camino con referencias a los bocetos que dieron a conocer a su creador y guiños a ese gusto por lo maxi en volantes, detalles o aplicaciones. Todo ello en una atmósfera muy visual (a las fotos nos remitimos), con un estilismo hecho para comprarlo de pies a cabeza, unos volantes que equilibran la reminiscencia setentera con los cortes actuales y un gusto por la combinación de blanco, verde y rojo que terminará por ser distintivo de la firma.