Adelantada este año por cuestiones de agenda, y con un resultado que viene a consolidar el camino abierto por el equipo de Ana Belén Morillo desde hace unos cinco años, Jerez volvió a vestirse de volantes, lunares y mucho flamenco. En una fecha temprana, entre medio de las dos pasarelas sevillanas, pero con la sensación de desarrollarse en la más absoluta normalidad.
Así es como se vivió una edición repleta de nombres de la tierra, con una jornada de sábado que concentró el grueso de las colecciones que realmente definen qué vemos en Jerez y un jueves haciendo las veces de jornada inaugural y de día más protocolario con la entrega de los premios Alma Flamenca. Pero como lo nuestro es estar al detalle de lo que se ve en pasarela, en este reportaje os dejamos 9 colecciones que tenían algo a destacar (o de los nombres propios de esta cita flamenca) y las sensaciones que nos dejaron cada una de ellas:



David Rodríguez, ’90 arrobas’. Que su nombre apareciera como el de apertura de la pasarela era una gran noticia: un diseñador con experiencia pero ajeno a las pasarelas (y jerezano) dando su punto de vista de la flamenca en su tierra. Lo que no vimos venir es que las arrobas fueron más hacia lo comercial que a lo rompedor: quienes esperábamos ver una flamenca Drag o un volante travesti nos encontramos unos trajes ricos en volúmenes, entregados al color block y al volante exagerado, pero con el estilo comedido y pensando más en la clienta del albero que en la de escenario, eso sí, el cierre con bata de cola de lentejuelas sirvió para recordar de donde viene. Quizá esta primera toma de contacto (a la que le faltó salirse del guion) sirva para que David gane en confianza (y clientela) y pueda así ir a más en pasarela en próximos años. La semilla está ahí, solo falta que germine.



Flamenka, ‘Salvaje’. Cuando llevas muchos años en pasarelas, no solo identificas el estilo o por donde va una firma, también puedes darte cuenta hasta de su estado de ánimo (literal). Digo esto porque las hermanas González llevan dos años en estado de gracia. No inventan la rueda (ni lo intentan), son clásicas y les encanta un traje de toda la vida con su mantoncillo, pero ese final de rojos y lilas/morado/violeta, esa combinación de colores con lunares de galleta, o ese comienzo incorporando capas o ponchos, nos dejaba claro que las ideas de las Flamenka están muy claras y muy en su sitio.



Ángeles Fernández, ‘Ataraxia’. La sencillez nunca fue lo suyo, y ojalá nunca lo sea. Recuperada para las pasarelas desde el año pasado, Ángeles Fernández ha vuelto a ponernos sobre la tarima aquello que más le gusta: una flamenca que no entiende de sobriedad, que se gusta en su propio exceso y que sabe que más es más: más bordados, más estampados y más volumen. Dividida, como acostumbra, en pequeños grupos, destacamos especialmente la cuádruple combinación de blanco, negro, camel y rojo (de los bordados) como una muy elegante opción para el 2026, así como los estampados del final, es ahí donde la vemos más en su salsa y a su flamenca cerrada más al estilo de la diseñadora.



Peca, ‘Hijas del quejío’. Estructurada en dos partes claramente diferenciadas, quizá como diálogo entre el folclore clásico y la música urbana, y de como lo primero se ha resignificado gracias a la reivindicación que se la ha hecho desde la electrónica o el reggaetón patrio, el dúo de diseñadores Peca presenta una flamenca para todas: para los que quieren lunares clásicos y para quienes en los 2000 tenían en su agendas las fiestas de break-beat (porque sí, los 2000 vuelven a los volantes). Una fantasía colorista que entra como bocanada de aire fresco en una temporada demasiado monótona en cuanto a temáticas y cuya segunda mitad (la más interesante) hará las delicias de quienes echen de menos su adolescencia vestidas del Brehka.



Rocío Martín, ‘De Lunares‘. como su nombre indica y sin apenas salirse de la línea: las hermanas Martín se entregan este año a los lunares y a las combinaciones de color en una propuesta clásica. Flamenca de siempre con un comienzo que mira al Rocío (como viene siendo habitual en ellas), pasa luego por la presencia de los marrones y finaliza en un estallido cromático muy feriante que aprovecha las posibilidades de los tonos más saturados para dar brío a los volantes o para dar (quién sabe si de manera intencionada) una batería de parejas de colores que funcionan muy bien juntos.



José Luis Galán, ‘Noches de gloria’. Viendo como se desarrolla su desfile es fácil entender la querencia de Galán por Jerez: no es la presentación de su colección, es un show completo donde el Flamenco y la fiesta son el eje central. Con el diseñador presente en el cuadro de cantaores que amenizan el pase, y con las modelos con licencia para moverse como quieran en pasarela, José Luis traza una propuesta que reafirma su estilo, el cual se sitúa en un saludable punto medio entre la flamenca más clásica, esa de lunaritos o mantoncillo, y la que prefiere volumen, organdil y reel de instagram, dejando por el camino un ramillete de trajes en variedad de colores pero muy pensados para ser vistos. Todo ello completado con un estilismo de peluquería (un sí al romero con flores blancas) y complementos que, como consejo, yo lo tendría muy en cuenta en la presente temporada.



Rocío Segovia, ‘Tarambana’. Tan importante es el qué y el cómo. Decíamos del anterior desfile que la de Jerez era su pasarela natural. Eso lo tiene claro Rocío Segovia desde hace 10 años: su colección sale a golpe de concierto, cada año en un estilo diferente (esta vez Flamenco pero muy de caseta de Feria), con flamencas sonrientes, colorido, faldas de enorme vuelo (que no volumen) y una alegría que contagia y te lleva directa a la Feria. En esa fiesta es donde se reordena una propuesta en la que nunca sabes qué color predomina o que patrón es el nuevo, si bien la comodidad o la holgura tienen a predominar, aunque tampoco hace falta más: el estilo reconociblemente desenfadado de Segovia es lo que desfila mientras la música continúa.



Alejandro Andana, ‘Rocío’. De cara al futuro este desfile debería dejarle una poderosa lección al diseñador: mejor poco y contundente a un mucho cuya fuerza se diluye. Si este desfile, de más de 30 salidas se hubiera quedado en 20, habríamos tenido la colección que definiera la flamenca rociera de Andana: buen uso de los empolvados (gran comienzo con la tonalidad coral), talles altos, conjuntos elaborados y una presencia de azules y blancos que se resuelve muy bien allá donde le vemos pensar más en diseño que en funcionalidad. Y un apunte: curioso cuanto menos que los diseños donde parece verse más cómodo a Andana siempre sean en colores menos comerciales y/o previsibles.



Nuria Chaparro, ‘Sensaciones’. Mientras estaba en su desfile me llegó un mensaje muy certero: hay que unir a la gente que sabe coser bien pero no son creativos con quienes tienen ideas y no saben de costura. La moda flamenca adolece de esas uniones que, por muchas cuestiones, no se rematan bien. Los trajes de Nuria estaban todos bien hechos, eso no hay duda. Pero esa paleta de colores tan similar en torno a los rosas, esos cuerpos donde había mucho de volantito y, sobre todo, salir la última en una jornada frenética y sin medir los ritmos, hace que el desfile no se vea igual, que la sensación no sea la esperada. El producto es bueno, le falta marketing.