A las puertas de vivir sus jornadas grandes, en cuanto a número de desfiles, We Love Flamenco continuó desgranando lo que será la flamenca de 2026 con una segunda jornada que dejó una tarde que empezó con el frenetismo propio de dos desfiles colectivos, en los que hay que ver mucho en poco tiempo, y continuó con las propuestas de dos firmas que configuran con su flamenca una parte de la personalidad de esta pasarela y un cierre nocturno que nos traía a la vez una incorporación y un aniversario. Veamos como se desarrolló:








Diputación de Sevilla: de blanco y verde (colores propios de la Diputación Provincial) y en pareja. Así pudimos ver hasta 15 firmas procedentes de 15 localidades diferentes de Sevilla que llevaron a We Love Flamenco parte de su producción. Y como ocurre en todo desfile colectivo, hubo para cada gusto con trajes la mayoría tradicionales aderezados con alguna que otra idea creativa.



Ángela y Adela, ‘Amalgama’. Cosas del tiempo: un pequeño retraso por mi parte me obligó a ver sin mi cámara en mano este desfile. Despojado de mi perfil de fotógrafo, pude disfrutar y confirmar una sensación que siempre tengo con Ángela y Adela: su trabajo está hecho para el directo, para el cuerpo a cuerpo, no para una publicación de instagram. Igual que el flamenco no suena igual de bien enlatado, a los volantes de estas veteranas diseñadoras les ocurre parecido: hay que apreciarlos de cerca para admirar la riqueza de los tejidos, la sedosidad de las texturas, el vuelo con carácter de los volantes al bies y la maestría a la hora de combinar estampados, lunares y volantes, por no hablar de esa paleta que en 2026 juega con las posibilidades de rojos, morados, verdes o azules. Antes eran conocidas como «Taller de Diseño» y lo siguen siendo: puede que en esta amalgama de ideas se cuelen muchos diseños clásicos que no busquen nada más que agradar a su clientela, pero entre medio aparecen trajes que son verdaderos tratados de costura flamenca, con un patronaje que hay que saber diseccionar y que hace que el traje tenga el calificativo más deseado por muchas: exclusividad.
[Fotos de Aníbal González cedidas por We Love Flamenco]



Flamenca Pol Núñez, ‘La Revoltosa’. Bajo la apariencia de un desfile de flamenca de toda la vida (aunque muchas partes no lo son), cada año la pregunta que uno se hace es cuánto de lo que se ha visto es casualidad y cuánto estaba en un guion preparado. ¿Es casual que una colección se llame La Revoltosa y que el color protagonista de la misma sea el Rosa? Habrá que preguntar a Delia Núñez que vuelve a retrotraernos al primer tercio del siglo XX para presentar una propuesta donde los trajes se llenan de decenas de pequeños volantitos, los talles altos se realzan, las mangas se alternan con volantes al hombro y el estilismo esta vez apuesta por una maxi-rosa que, como decimos, se combina no solo con la variedad cromática de la colección, también con los muchos diseños en ese color que, desde luego, se roban el protagonismo. Y como La Revoltosa es también una referencia al género chico, no olvidemos que toda obra tiene su buen comienzo, y ese inicio donde el patchwork se hace canon nos adentraba no solo en el universo reconocible de Delia Núñez, sino en todo en un espectáculo.



Alberto Mattey, ‘Suspiros’. Hemos hablado antes de comenzar con las pasarelas que la temporada se presentaba clásica o incluso tradicional con muy pocas firmas que fueran a dar el paso y arriesgarse. Ello es compatible con tener tu propio sello. Alberto Mattey se subía por primera vez a la pasarela de We Love Flamenco para celebrar sus 25 años en la moda con una colección que, efectivamente, juega a lo seguro. Tan a lo seguro que cuesta ver claramente cual es su línea o identidad, cual es el elemento que define a su flamenca. La visión comercial, desde luego, está ahí porque son trajes ponibles que van directos a la Feria o al Rocío, dejando quizá la parte donde mezcló estampados con lunares y color negro como el único momento donde sí vimos cual podría ser su camino.