Sea cual sea el día de comienzo o de fin de cualquier edición de We love Flamenco, el sábado siempre será ese día en el que se dan la mano la flamenca clásica con esa otra que apuesta por la moda. Una mezcla llena de nombres propios asociados ya a esta pasarela que, eso sí, este año han dado la bienvenida en su tramo final a un diseñador de dilatada experiencia en desfilar y a otro que salta a esta jornada pero con un estilo ya asimilado sobre el tapete que se extiende en el Salón Real. Veamos como fue la tarde:



Carmen Acedo. Las tres décadas de Acedo entre volantes canasteros se celebraron sobre la pasarela a través de un recorrido por la Feria de Sevilla. Comenzando con propuestas para el Pescaíto y finalizando con unos trajes que, manteniendo el estilo de la diseñadora, incorporaban tejidos de guipur u otras texturas, la colección se convertía en una sucesión del sello propio de la trianera. Muchos canasteros, faldas elaboradas, tejidos vaporosos mezclados con popelín y una amplia presencia de blancos. Toda una trayectoria resumida. [Fotografías de Aníbal González]



AJL Pepe Jiménez, ‘Farah-Lebs’. «Y ahora, vamos a ver moda flamenca«. Ya no se si es mi gusto personal o la fascinación propia de persona que es «friki» de esto, pero nunca deja de sorprenderme como con unos pocos detalles la gran maison onubense consigue que conecte a la primera con su desfile. Porque lo que sale a pasarela es todo un tratado de saber hacer, de jugar con la artesanía, de realzar los volantes (la colección se llama así) y de estar en su sitio. De todo lo visto destaco este año especialmente el uso de tejidos que se ven costeados, las cintas para rematar los volantes (han vuelto los últimos 90, primeros 2000, ¡Recuerden!), los talles altos combinados con cuerpos entallados o faldas vaporosas (se han convertido en un imprescindible de la marca) y la recreación de perfiles muy añejos, de trajes reconocibles, que han sabido traer a la actualidad y que te los quieres encontrar en una Feria. Y si otras veces la mirada se iba hacia las mangas, yo este año me fijaría en las faldas.



Mónica Méndez, ‘360’. Una vuelta completa a un estilo que ya está más que consolidado. Mónica Méndez ha logrado hacer propia una flamenca que sabe jugar muy bien la carta de la versatilidad, pues sus trabajos en volantes, sus faldas que recorren casi todo el cuerpo, los escotes marcados o las mangas elaboradas lo mismo sirven para contentar a la flamenca clásica (los trajes destacan por sí solos, pero pueden acompañarse del mantoncillo) como a las más modernas o a las que quieren un vestido no estrictamente de flamenca pero si sea muy feriante. En esta ocasión lo presenta con una selección de colores lisos muy vivos y sugerentes (la selección de saturados ha sido exquisita) que da paso luego a un uso de los tonos apagados (otra tendencia de este 2026) donde el conjunto final dio la sensación de ser más moda que flamenca.



Javier García, ‘Amor’. Un cambio que no es solo de ubicación, también vital. Javier García nos introducía en su nueva colección con una reflexión personal que podría haberse reservado, pero prefirió compartirla y adentrarnos en una muestra que jugaba a alternar la moda flamenca con propuestas aflamencadas a través de cuatro colores: el marrón, representando la tendencia de 2026, azul y verde esmeralda (verdaderos fetiches de la personalidad de García) y un final en rojo que, obviamente con ese nombre de colección, no podía faltar. El conjunto resultante tiene hasta algo de contradictorio, que ya se lo vimos en 2025, pues la sensación que queda es que, por un lado, hay mucha recreación de lo que le funciona en flamenca y, por otro, una búsqueda de nuevas formas que tímidamente asoman entre los trajes.



Ismael Domínguez, ‘Réquiem’. En moda, como en cualquier disciplina artística, hay dos pilares: estética y ejecución. Lo primero se interpreta según el gusto de cada uno, lo segundo depende de costura y patronajes y ahí no cabe duda: o es buena o es mala. En lo técnico Ismael Domínguez es de sobresaliente. Lo que sale de su taller es un gustazo visual de lo bien hecho que está. Muy bueno, sí, pero todavía con un resultado frío. Digámoslo así: Ismael es el concursante de talent show que semana a semana se lleva los vítores de jurado y crítica por lo estupendo que lo hace pero que sabemos que no va a ganar. Una Chenoa, una Sandra Cabrera o un Juanjo Bona que es capaz de dibujar unos patrones que pocos se atreverían a casar después y que controla muy bien lo que sabe hacer, elección de tejidos inclusive. Solo le falta que su desfile sea más dinámico (o un recorte de salidas, como esas invitadas que me están gritando «boda» en vez de «feria») y que la corrección no sea tan transversal en su trabajo: un poco de despeinarse de vez en cuando no viene nada mal.