Llegar a las quince ediciones con el formato intacto, con los espacios consolidados y con los apoyos como si fueran de la familia no se consigue con ninguna facilidad: la apuesta decidida de Andújar por su pasarela y por la flamenca dio sus frutos y logró darle a Andalucía oriental su propia cita en mayúsculas con los volantes. Un evento que sabe convertirse en acontecimiento local a la vez que se inserta en el calendario de las pasarelas flamencas dejando, por supuesto, un número consistente de pinceladas en forma de trajes no solo para la Romería de la Cabeza: la provincia de Jaén tiene muchas fiestas mayores de tradición centenaria y en los que el traje de flamenca está presente, por lo que muchas de estas propuestas tienen destino más allá de la última semana de Abril.

Eso fue lo que vimos a finales de Febrero en la Plaza de España iliturgitana que aquí os traemos hablando de 8 de las colecciones presentadas, entre las que se encuentran aquellas que tuvieron tras de sí el nombre de una firma local y regional:

Llena Eres de GraciaFlores de España‘. Sin que la flamenca infantil sea parte activa de esta web (es un contenido que apenas solemos tocar) hay que agradecer a Cristóbal Figueras que su marca sea sinónimo de una moda infantil que está hecha por/para niñas sin necesidad de caer en los dos tópicos más recurrentes: el de hacer un traje igual que el de la madre o el de hacer un básico. Él sabe que sus clientas se suben a pasarela (algunas ya adolescentes como vemos) y ello obliga a darles protagonismo: tienen que ser flamencas, tienen que brillar, verse lucidas. El resultado este 2026 muestra mucho empaque, trajes generosos en metros de tela, combinaciones de colores o estampados y un conjunto que, al igual que años anteriores, vende el concepto de ser diseños para niña y solo para niña.

Alejandro Andana, ‘Dafne’. Si el modernismo como movimiento artístico no hubiese existido quizá el kistch tampoco habría marcado el segundo tercio del Siglo XX. El art decó proliferó en paralelo de la gráfica publicitaria sentando una base que las artes explotaron: vender ideas de terceros (hacer publicidad, vaya). De saber venderse bien viene sobrado Alejandro Andana: hace un desfile bonito, con trajes que lo son, cortes atrayentes, mucha elegancia y un boato que llama la atención. El envoltorio, el cartel de la obra funciona. Pero: ¿Qué más?
Andana acierta fijándose en uno de los padres de la dirección de arte publicitaria (Alfons Mucha) porque si algo ha demostrado en cinco años es que puede amoldarse a una idea y gestionarla, la cuestión es que él se deja llevar tanto por esa idea que, por el camino, se pierde y al final no se termina de ver cuál es su identidad, su sello como diseñador. Hasta ahora sabemos que tiene buena costura, que sus trajes son bonitos, que le encanta el azul o el coral y que sabe montar un desfile, lo siguiente sería verlo más a él: la moda también debe ser una expresión de quién está detrás de cada diseño.
Por cierto, con todas estas credenciales tendríamos delante a un solvente director creativo para firma comercial-industrial.

Carmina, ‘Revelación. Tres Actos‘. El caso contrario al diseñador del desfile anterior. Carmina llegó a la flamenca hace pocos años con algo muy complicado bajo el brazo: un estilo propio. Puede que no sea el más comercial, puede que no sea óptimo en un mar de volantes con volúmenes, pero lo que salía, se veía que era suyo. Con todo, siempre le hemos echado el ojo para ver como evoluciona con un resultado que, a día de hoy, se queda a medias: la idea está ahí, el concepto se entiende, el boceto primigenio se intuye, pero falta rematar. O no quedarse en la primera parte, porque el conjunto se ve descompensado: faldas trabajadas con partes de arriba que no les siguen la corriente, o corsés o escotes interesantes con parte de abajo en la que no hay la misma dedicación. Ese vaivén deja entre medias muy buenas propuestas (el traje blanco corto que destacamos es un sí rotundo) que hubieran agradecido el acompañamiento de un estilismo elaborado (el minimalismo aquí no procedía) o de un desfile que vendiese el potencial que su creadora debería explotar con mayor rotundidad.

Lorena Rodríguez, ‘Algarabía‘. No sale de Andújar ni falta que le hace: Rodríguez se ha decantado por ser profeta de su tierra y centrar su colección o su visión de los volantes en la flamenca local. Así su estilo va de la mano con sus tradiciones y ello nos lleva a una colección que recopila, pone en orden y acentúa todas las marcas que Lorena ha querido ir dejando año tras año en sus diseños. Diría incluso que este desfile asienta a las claras su personalidad: lunares multicolor, grandes faldas abiertas desde la cintura, juegos de volantes, mangas protagonistas, el escote cuadrado, esa presencia de blancos, rosas, naranjas o el espectro de los morados-violeta componen unos trajes que piden tanto calle como romería.
Siendo una colección que bebe de lo anterior, el matiz de este 2026 es que el resultado se presenta como más orgánico, con los conceptos reposados e incluso mejorados. Es más, si nos preguntaran como es la flamenca de Lorena le enseñaríamos esta colección.

Con T de Touché, ‘El Silencio de una flor en primavera’. «¿Qué nombre le pondría Lana del Rey a su colección si hiciera trajes de flamenca? Pues ese nos vale«. No tengo pruebas de qué lleva a Antonio y Pedro a elegir título de colección, pero viendo lo rimbombantes que pueden llegar a ser, cabe la posibilidad de que esa pregunta antes señalada se la hayan hecho.
Nombramientos aparte, la colección es una clara muestra de que este dúo de diseñadores se está cerrando en su estilo de grandes volantes y bordados. Toda la colección es eso: sucesión de colores lisos (y muy potentes), cuerpos entallados, volantes que explotan en organdil y detalles de flor bordada. Y no será por falta de ideas: ‘Estival’, su colección de 2025 era un estupendo soplo de aire fresco donde la apuesta por el diseño gráfico en los estampados les abrió incluso el abanico a ideas, cortes o patrones diferentes. Este ‘Silencio’ por su parte se muestra complaciente con la clientela y cumple a nivel escénico, si bien lo más destacado es allí donde las formas (principalmente escotes y mangas, como los tres trajes sobre estas líneas) buscan desmarcarse del ABC que ellos han instaurado para abrir nuevos camino. O paisaje primaveral.

Pedro López, ‘Raigales‘. Una pregunta que me ha surgido con varias de las colecciones que repasamos en este post es la de: ¿Hasta qué punto se ha hecho esto de manera intencional? Pedro López no es oriundo de Andújar, es más su colección estaba pensada para verse en más de una pasarela y darle a conocer. Ahora bien, pocas veces el premio de ‘Muévete Flamenca’ ha sido tan propio y contextualizado pues esta propuesta de flamencas de sabor añejo, colores campestres y maximalismo en volantes se antoja perfecta para las estampas que nos regala el Cerro del Cabezo a final de Abril. Todo ello en ocho trajes ideados con mucho gusto, acierto en la combinación de lunares y detalles que tienen un pie en el costumbrismo de los años 90 y ese «mírame, aquí estoy yo» de la flamenca actual. Un buen ganador de noveles que sabe dibujarse y tiene aquí una línea por la que seguir.

Flor de Cerezo, ‘Enfolliná’. Tres conclusiones claras se pueden sacar viendo este desfile. Lo primero es que la mejor Flor de Cerezo es la que piensa en romerías: ese comienzo de cuadros de vichy, volúmenes y cortes maxi se quedaba corto y reclamaba mucha más presencia (más siendo la de Andújar una pasarela-antesala de Romería). Lo segundo es que Verónica Cerezo a título personal ha hecho una propuesta donde la vemos como persona, pues todos los diseños en rojo, blanco y negro (salpicados de rosas rojas) no dejan de ser una traslación de estilismos que podríamos haberlos visto en ella misma. Hay una comodidad (a pesar del nombre de la colección) que denota la confianza en una colección que sabe fusionar flamenca, flamenco y moda casual. Lo tercero (y esto ya es cosecha propia): qué bien le sentarían a esas blusas, chaquetas, pantalones o trajes un buen paseíto por las tascas de calle Cerón en San Lucas. Con sus cositas (repito: el comienzo daba para más) y siendo menos rimbombante que sus predecesoras, puede ser la mejor Flor de Cerezo desde ‘Legendarias’.

Mari Carmen Sáez, ‘Reliquias’. Hay un fenómeno en la moda flamenca que se repite bastante pero que carece de nombre cuando debería tenerlo, porque pasa muy a menudo. En un sector donde se nota fácilmente quién tiene formación en moda y quien sabe de costura es habitual que quien se maneja bien con una máquina de coser juegue a creerse que puede vender un concepto cual alumno de escuela de moda. Eso pasa en ‘Reliquias’: Mari Carmen Sáez vende una idea y monta un desfile hablando de Reliquias, de actualizar los trajes de flamenca de finales de los 80 o primeros 90 y traerlos al 2026. Sobre el papel la idea es interesantísima: renovar trajes que muchas tenían guardados para darles un aire nuevo. Llegados a la pasarela el planteamiento se queda en intenciones: referencias a las Reliquias al principio y al final con un grueso de colección de trajes que sí, bien hechos y bonitos, pero que no se distinguen de los que aparecen en cualquier cuenta de instagram. A eso me refería al principio: ¿Cuántas colecciones de cortes estandarizados hemos visto jugando a ir de conceptuales? Pues eso. Mari Carmen Saez tenía una buena idea, una opción de mostrar algo propio en medio de una flamenca saturada aprovechando su buen hacer en costura, pero prefirió poner piloto automático y hacer una colección por/para reel de instagram. Y lo que es peor: el haber dado poco uso a una buena idea ya sabemos como acaba (Spoiler: alguien la explotará el año que viene o el siguiente).