Corta, intensa, complicada y saturada. La campaña 2018 de moda flamenca no está siendo todo lo buena que se esperaba en términos de cifras de ventas. En lo cualitativo no podemos quejarnos: muy buenas colecciones, trabajo de diseñadores que han estado a la altura y pasarelas cada vez más enfocadas en contentar a las firmas que desfilan. Pero, ¿Qué pasa con la ventas? 2018 no será recordado como un gran año por los diseñadores y es que a muchos de ellos les está costando sacar afuera toda su producción. De puertas afuera es obvio que nadie dirá nada, otra cosa es lo que se habla en petit comité o en la trastienda. Aún así, ¿Qué está ocurriendo para que el 2018 no sea tan bueno como 2017?

Aquí van algunos motivos:

Temporada excesivamente corta. 2017 fue la temporada perfecta por la duración de la misma: Feria de Sevilla en el puente de mayo, lo que implica que Abril al completo queda libre para ventas. Es un mes completo a pesar de la Semana Santa. Que las cofradías hayan cerrado marzo no ha beneficiado a un calendario que, además se ha presentado saturado de pasarelas, eventos y citas. En pocas palabras: no ha dado tiempo a digerir nada y las prisas, a la hora de comprar un traje de flamenca, nunca son buenas compañeras.

Diseños de El Ajolí en We Love Flamenco 2018

Mal tiempo. Emma, Felix, Gisele y todos los demás casualmente hacían acto de aparición en fin de semana. Muchos diseñadores han visto como las citas de viernes y sábado se caían por un temporal que, en palabras textuales de una diseñadora, nos está jodiendo la venta. Y así es: el frío y la lluvia no invitan a comprarse un traje de flamenca, ni tan siquiera a hacer el intento de probárselo.

Saturación de pasarelas. Demasiados desfiles, demasiadas pasarelas y demasiadas citas que buscan, como sea, llenar un fin de semana con un timing de lo más completo. SIMOF y We Love Flamenco tienen su razón de ser en el momento que la moda flamenca tiene su capital en Sevilla. El resto de pasarelas tienen su sitio aunque está por ver cuantas logran mantenerse en el tiempo como ya lo han hecho Jerez y Andújar. Nos parece estupendo que haya muchas acciones promocionales para hacer llegar la moda flamenca a la clientela pero nos queda una duda: ¿El exceso de desfiles acaba por distraer a la clientela en vez de persuadirla a la compra?

Saturación de… ¿diseñadores? Esto lo tenemos que poner en interrogante, porque no todo el mundo que se sube a pasarela es diseñador. Mucho menos profesional, porque profesionalidad es plantarte en una pasarela (sea cual sea) con el trabajo bien hecho, con los trajes acabados, costuras en su sitio y pespuntes planchados (por citar algunos ejemplos). Que luego en instagram todo es maravilloso y nos vuelve loca del coño, pero un poco de filtro a esta saturación no vendría mal. Además, el hecho de que ahora esté de moda trabajar en la moda lo único a lo que nos lleva es a que la tarta final de las ventas se reparta entre tanta gente que, al final, los números no cuadren. Y lo peor es que de esa tarta tienen que comer quienes llevan toda la vida trabajando en el sector, quienes de verdad están aportando a la moda y a la flamenca, quienes se han creído que esto de “””diseñar””” volantes es el nuevo pelotazo y, no lo vamos a negar, las modistas y costureras.

Saturación de oferta a niveles generales. El sector servicios en Andalucía está cada vez más y más lleno de reclamos que buscan la venta. Haced un repaso de vuestra agenda anual y lo comprobareis: cenas de Navidad con barra libre, bodas por todo lo alto, vacaciones a todo trapo, Semana Santa, Feria, Rocío… Cada empresa del sector servicios busca aumentar sus ganancias como sea y lo cierto es que cada vez sale más caro plantarse en la calle según que casos. A no ser que tu vida social sea muy reducida, seguro que habrás tenido un calendario apretado de eventos. Y con tanto sable rasgando la cartera… poco dinero hay para un traje de flamenca en condiciones.

Diseños de Javier García en SIMOF 2018

Público infiel. Ojo, no lo decimos como algo malo: el público es libre de hacer lo que quiera con su dinero y cambiar de diseñador de una temporada a otra. De hecho, es lo normal: un buen armario flamenco es aquel que, siguiendo la línea de la flamenca que lo posee, es capaz de aunar el trabajo de varias firmas que le aporten variedad y riqueza a su vestuario para Feria. La infidelidad del público también se debe a dos factores: el precio de los trajes y el hecho de que, por mucho que nos vendan la moto, los estilos de los diseñadores están hoy día muy homogéneos. Solo aquellos con personalidad demasiado propia se bastan y se sobran como reclamo único ante la clientela.

En el caso de los jóvenes hablar de fidelidad es aún más complicado: la subida de precios en los trajes no es algo gratuito, pues hay quienes empiezan por un precio más bajo para darse a conocer y luego subirlo conforme van adquiriendo un nombre. Muchos de estos jóvenes además optan (cuando ya han conseguido algunos de sus objetivos) por incorporar tejidos, patrones o aplicaciones que encarecen inevitablemente el diseño final para intentar seducir de nuevo a la clientela. ¿Problema? Que siempre habrá quienes lleven menos tiempo y tengan sus trajes a un menor precio para darse a conocer. La cantidad media de un traje de diseño que puede venderse con relativa facilidad son los 700 euros. A partir de esa cifra la percepción del público cambia y la búsqueda de alternativas aumenta.

Vistos estos motivos cabría preguntarse si 2018 está siendo tan malo como lo acabamos de pintar. Diríamos que no del todo: se está vendiendo, en menor cantidad, pero se está vendiendo. Algunas firmas se mantienen en números, otras crecen en trajes encargados mientras que algunas ya piensan en poner algunos descuentos. Sea como sea, no nos cabe duda de que veremos muchas flamencas en la Feria y es ahí donde se verá el pulso final entre clientas y la temporada.