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Tiene Sevilla en su haber una serie de personajes carismáticos, de Sevillanos con nombres y apellidos que llevan su Sevillanía por bandera y nos enseñan como es vivir en esta ciudad. Una forma de vida en la que todos los tenemos siempre ahí, como os que tienen la obligación de vivir aquellos momentos clave a lo largo en el calendario sevillano con un papel a ratos secundario y otras como protagonista.

Pepe Peregil era uno de ellos: en su figura se resumía al sevillano de pro, al que mira una y otra vez el ombligo de una ciudad enamorada de sí misma, al que se le llenaba la boca con todo aquello que asumía como propio y que podía estar conversando durante horas sobre dos o tres temas en la barra de su Taberna Quitapesares con todos los que allí iban y nunca encontrarle fin al debate. Pepe era maestro y referente, era un personaje del que todos hablábamos, al que veíamos y  te daba la sensación de conocerlo de toda la vida (tablas que le había dado su Quitapesares para poder lidiar con todos), de que lo mismo lo veías el Domingo de Ramos, que el Miércoles de Feria, cantándole al Cachorro o en un culto externo, pero siempre estaba ahí, como uno más, como un Sevillano que da las gracias todos los días por vivir en esta ciudad (cosas de la vida, había nacido en Manzanilla, Huelva). Por eso la noticia que hemos recibido hoy nos haya extrañado mucho y nos haya dejado algo huérfanos: se va uno de nuestros “amigos” que “no conocemos de nada pero sabemos muy bien quien es”, una de esas caras que tenemos como familiares, que siempre agradecíamos encontrarnos por Sevilla pues él era un maestro de la Sevillanía, amen de ser uno de los grandes de la Saeta y el Cante.

Descansa en Paz Pepe, Muchas Gracias por haber estado siempre ahí.