La firma de moda sevillana Victorio & Lucchino, símbolo de la costura entendida de andaluzas maneras y referente en la industria española no lo está pasando bien. En los últimos días saltó la noticia del concurso de acreedores y después el anuncio de una reestructuración de las empresas vinculadas a la marca. Una situación delicada y poco agradable pero que, desgraciadamente, va a ser la “cabeza de turco” o la que tenga que ser símbolo de una crisis que, en el sector de la moda andaluza, está provocando bastante quebraderos de cabeza.

Tradicionalmente en la costura andaluza ha tenido que enfrentarse a la no existencia de una industria ni de una  estructura empresarial con tradición que permita a los diseñadores dar un gran impulso a su actividad. Curiosamente somos inspiración para la moda internacional, como a lo largo e la historia lo hemos sido en otros elementos culturales, pero si las modistas de aquí recurren a nuestros lugares comunes se nos tacha de rancios y de catetos. Otro de los problemas es uno que se traslada al mundo de la moda en general y es el cainismo tan fuerte que hay, donde todos se miran de reojo y muy pocas veces con buenas caras, a la vez que a las marcas les cuesta tener identidad propia y que muy pocas, por no decir ninguna, puede seguir los patrones de la planificación estratégica a nivel empresarial y ahí es donde esta el quid de la cuestión.

¿Por qué?, ¿Porqué estamos en crisis? Si, pero no solo eso. Aunque estemos en momentos duros, se siguen sacando colecciones con la etiqueta de exclusividad, se siguen celebrando desfiles y de las escuelas de moda salen diseñadores que aspiran a vestir famosas. Se genera mucho ruido, todo es bonito, todo es maravilloso. Pero no. ¿ Sabéis quién corta las alas al mejor de Marketing? Las finanzas. Es el dinero, los impagos, las deudas, el “pasate otro día que hoy me pillas mal”. Eso lo están viviendo nombres que prometieron mucho en su día, pero no supieron digerir esa fama convenientemente ni supieron llevar a cabo estrategias con las que mantener el éxito adquirido. Es decir, que lo que le ha pasado a Victorio & Lucchino le podría pasar a cualquiera que no mantenga sus cuentas al día y lo repetimos: la cosa está muy mala y de verdad. La moda andaluza tiene su maquinaria funcionando, pero lo hace porque es preferible que esté funcionando con poco carburante a que no funcione, pero basta con que una de las maquinas se pare por haber llegado al límite de su capacidad para que las cosas empiecen a torcerse.

El caso de V&L es llamativo porque estamos ante una empresa que opera a nivel nacional, que acude a su cita con la pasarela todas las temporadas en Cibeles, pero dentro de las ocho provincias el panorama no es más halagüeño: la crisis ha parado muchos trenes de vida y muchos proyectos empresariales, se han cerrado negocios, unos se reajustan y otros quieren hacerse creer que esto no les afecta pero el reajuste será duro y quien sabe quienes estarán ahí en unos años, pero no solo se vive de lo mediático… También hay que vender y saber hacerlo y eso, eso si que es complicado.