Nos decía Rocío Márquez en su momento que “En el flamenco se puede triunfar sin una voz rota”, una frase que viene a resumir una realidad del género en la que los puristas no se quieren salir de unos inquebrantables y determinados parametros (que a veces llegan a ser demasiado intransigentes) frente a una nueva hornada de talentos que a lo mejor no tienen pellizco, voz rasgada o pellizco. Pero si tienen compás, duende y una fuerte sentido de la jondura, lo que les permite atreverse con casi todos los palos.

«Claridad» es un disco que viene a reflejar lo que ha sido la trayectoria de Rocío Márquez a lo largo de estos años de cante en festivales, peñas y teatros. Esa traslación del directo al disco nos deja una voz con una precisión y control técnico que no deja nada al azar, pero que no excede ni abusa donde no debe. En vez de eso Rocío saca afuera la musicalidad y la lírica tan potente que tiene en su voz para contar la (corta) historia que hay en cada tema pues casi todos son composiciones propias de ella. Acompañándola en esta aventura también está Alfredo Lagos a la guitarra, que llena casi todas las canciones de solemnidad y le suma a la voz de Rocío un mimo especial y creando sensación de intimidad.

Esa producción que huye de coros o de una instrumentalización de las canciones viene a confirmar que todo está muy medido en un género que no entiende de planificación pero que aquí crea una atmósfera especial en la que la artista necesita intimidad para poder mostrarnos su obra. Es decir, es como si el disco estuviese compuesto por una serie de temas guardados con especial celo que van desgranándose poco a poco en un conjunto que, a pesar de que pueda parecer monótono, resulta bastante compacto y tan lleno de matices que, cuando llegas al final, parece hacerse corto. Puede que ello sea porque el comienzo nos muestre a una Rocío lírica, más cantante que cantaora, para ir sacando después ese deje que la onubense lleva dentro en temas como «Liberación», «Aliviando» o «Nana para Rocío» (dedicada a su sobrina), que nos recuerdan que estamos ante un disco de Flamenco realizado con encanto, que no tiene más pretensiones que la de dejar grabada la primera parte de una de las voces del nuevo panorama flamenco, que no es una cantaora al uso pero que apunta muy buenas maneras.

En líneas generales: Rocío Márquez debuta en el ámbito discográfico con un disco donde se puede ver su buen hacer como compositora y sus tablas para defenderse en el Flamenco en un conjunto donde se le ve cómoda y donde apenas hay artificios o fusiones innecesarias.

Destacamos: la fuerza de su voz y como ha transformado su caracter y sello personal que ya se veía en directo a la aparente fragilidad y sensibilidad que se denota en el disco.

Lo Mejor: «Las Manillas del Reloj» (Tangos), «Liberación» (Romance y Seguirilla), «A mi no meterme» (Tanguillo y Guajira), «Antiguamente eran dulces» (Abandolaos).