Como si de un examen obligatorio se tratase la que fuera ganadora de la tercera edición de Se Llama Copla, Alejandra Rodríguez, presentó su primer disco el pasado lunes en el Teatro Lope de Vega de Sevilla. Decimos obligatorio porque no han sido pocos los artistas copleros que, tras triunfar en el programa, se han lanzado a la aventura de publicar un disco y/o realizar un  espectáculo en solitario que conjugue lo mejor de su paso por el programa junto a otras aportaciones nuevas (ya sea como versión o tema inédito) que le darán identidad propia al espectáculo y al artista.

Al abrirse el telón del escenario, una fuerte luz roja se proyectaba sobre el mismo dejando a su vez una oscura y pequeña silueta. Tras los primeros acordes de la banda, Alejandra rompía con «Vino amargo«. El mismo tema que le oímos por primera vez era el que le servía para acercarse al público. Una reinvención del clásico de Farina en la que su voz de cantaora se unía a una música más ligera y melódica. Sucedería igual con «Quien tiene la culpa«, que sonó algo desdramatizada y con aires de rumbitas para ir animando a un público que tardó poco en entregarse. Igual ocurriría con «El emigrante«, uno de esos temas que la acompañan desde  Se Llama Copla y que ella supo llevarse hasta su voz y personalidad artística. Metidos de lleno en un concierto que nos traía a la mejor Alejandra, la artista presentó también sus canciones inéditas, empezando por el single de presentación de su disco «El amor no tiene puertas» el cual, todo sea dicho, gana mucho enteros en el directo. Le seguiría una versión de «No puedo vivir contigo» que empezó Alejandra pero que finalizó la invitada de la noche: Joana Jimenez. Como si de un reto de divas se tratase, las dos ganadoras de Se Llama Copla nos ofrecieron un dueto de grandes cantaoras, de voces potentes y personales que no tenían miedo a nada. Minutos mágicos que se hacen aún más grandes en un lugar como es el Lope de Vega y que muchos seguidores de la Copla deberían de ver. Joana no se fue tras este momento, se quedó en el escenario para cantar a piano «Empate«. Llamativo y muy de agradecer es que la sevillana no optase por versionar nada y traernos la que probablemente sea su mejor canción propia.

Alejandra volvería a aparecer pero no en el escenario: mientras la música nos adelantaba el comienzo de «Los Tientos del Cariño» las luces del teatro se encendieron y, sin ninguna superstición visible, apareció vestida de amarillo desde el final del patio de butacas entonando el clásico de Dolores Vargas, que se lo brindó y cantó en la cercanía a un entregado público. Tras recoger el cariño de los que fueron a verla, Alejandra regaló uno de los momentos emotivos de la noche, dedicando su «Zambra de las madres» a una amiga y a su madre, sentada en primera fila. Esa intimidad y emoción contenida dio paso al cuadro flamenco o, mejor dicho, a ver a la Alejandra cantaora en su versión más auténtica. Dotada de una privilegiada voz, la estructura del concierto nos dejó ver a la Alejandra coplera, flamenca y melódica sin necesidad de que una de sus facetas eclipsara a la otra.

Rodeando junto a su grupito una mesa, y ambientando el escenario como si de un tablao flamenco se tratase, Alejandra viajó por Cádiz para traernos sus alegríasUn tiro al aire«, «Con las bombas que tiran«), de Huelva trajo los Fandangos para regresar a Sevilla cantando por Sevillanas de Manuel Pareja Obregón como «La historia de una amapola» o «Sevilla tiene una cosa que solo tiene Sevilla«, esta última de manera muy personal y yendo de un menos a más muy conseguido. Homenaje a la tierra que tendría su continuación en su homenaje a la más grande: llevando consigo el mantoncillo rojo de Rocío Jurado que le regaló Ortega Cano en Se Llama Copla, Alejandra cantó a piano «Como una ola«, «Se nos rompió el amor» y, como no podía ser de otra forma «Qué no daría yo«.

El final del concierto venía a ser como la otra cara de Alejandra que vimos al comienzo del espectáculo, con tres temas inéditos y una versión. «Dices que me quieres» y «Desde que entraste en mí» son dos canciones hechas para la versátil voz de Alejandra, además de tener un toque muy comercial. También cantó el tema que le dio el triunfo en el festival de Miami «Esto no es vivir» para finalizar con una copla que el público llevaba reclamando a viva voz toda la noche y que, no olvidemos, fue Alejandra la primera (aunque no la estrenase) en poner a público y jurado en pie tras cantarla: «Las Campanas de Linares«. Apoteósico final para un espectáculo que mezclaba pasado, presente y futuro de una artista con voz personalísima y que venía a recordarnos por qué nos maravilló en su momento y que es lo que ha ido cosechando en estos años para forjar una carrera propia y en la que ella empiece a brillar con sus propias canciones.