Pocas artistas y cantantes pueden presumir en pleno siglo XXI de tener la carrera de Diana Navarro. La trayectoria de la malagueña no es una más dentro del panorama español, siendo más próxima a la de una artista inquieta que hace las cosas conforme la inspiración se lo pide que a la de una vocalista que está a merced de los caprichos del mercado y de las discográficas. Hace años cualquiera podría haber visto en Diana a una cantante experta en canciones melódicas próximas a la copla que serían del gusto de una parte del público pero, con el paso de los años, Navarro se ha revelado como una cantante más allá de lo establecido, más interesada por el arte que por gustar a todos e implicada en procesos creativos que, a veces, podría sorprender a propios y extraños.

A medio camino entre la filosofía del Renacimiento y del Romanticismo, Diana Navarro ha tenido una carrera llena de méritos y de logros que sin embargo no está cerrada a un estilo musical. Como se suele decir “yo escucho la canción, no la etiqueta“, en este caso escuchamos la voz de Diana en Copla, Flamenco, Canción Melódica, Balada Latinoamericana e incluso Jazz o Soul. Una amalgama de estilos que tiene como común denominador su personal voz, principal instrumento que la identifica y con la que ha ido creando un gran grupo de seguidores que ha seguido con pasión esa evolución artística a prueba de fusiones y que, en otros casos, no habría resistido el cambio de registro. Podríamos considerar que Diana es afortunada por poder bailar entre los géneros musicales, pero su mayor virtud es que logra hacerse con ellos sin mayores dificultades, con un profundo respeto y sin hacer cambios que chirríen. Valga como ejemplo su versión de “Summertime“: ni imita a Ella Fitzgerald ni juega a hacerse la andaluza por medio de la fusión, simplemente se dedica a llevar hasta su voz un clásico sin trata de inventar. Lo mismo podemos decir de sus Cuplerías. Más experimental en la revisión de la copla o de la zarzuela, la sensación general que tenemos al contemplar la carrera de Diana en su conjunto es que todo forma parte de una estructura bien consolidada en la que la esencia la pone la artista y no un género concreto.

De eso es de lo que va este disco de grandes éxitos: de poner en orden y juntar todo aquello que ha hecho Diana a lo largo de estos años para entender el por qué de cada uno de los pasos que ha dado en su carrera. ¿Quién habría apostado por un disco de Zarzuela?, ¿Quién incluye una canción por tangos junto a “Moon River” en una misma pieza?, ¿Quién se atreve a hacer lo que quiere en cada momento y salir airosa desde un punto de vista artístico y comercial?

Pues Diana Navarro ha podido. Es fascinante como la malagueña ha llegado hasta la publicación de esta recopilación con los grandes momentos de su ecléctica carrera musical. Un compendio de todo lo que ha realizado estos años que es de obligada escucha para los que quieran conocerla bien como artista. Una obra de coleccionista que se presenta con canciones inéditas y una cuidada selección en la que, personalmente, echamos en falta dos grandes momentos: su versión de “Los Tientos del Cariño” en Azabache y su versión de “Trece de Mayo” de su desaparecido disco de Copla previo a su debut.

La Esencia” no es un disco de grandes éxitos sin más, de hecho es un ejemplo de lo que deberían ser estos discos cuando un artista se decide a publicarlos: una primera parte que sea un resumen correcto de su carrera con sus grandes éxitos y el repaso de sus discos. A ella le sigue una segunda parte compuesta por una selección de canciones que, a modo de pinceladas, dan rienda suelta a las inquietudes artísticas de Diana y ayudan a entender mejor cada uno de los capítulos que han dado forma a su carrera musical.