Se dice que «a la tercera va la vencida«. No es que las otras veces no fuesen buenas, pero esta tercera vez se presentaba como algo más especial, como una cita que venía a renovar y a ser un punto y aparte en la carrera de una artista que empieza a volar sola en lo profesional. Laura Gallego volvió al Lope de Vega, pisó de nuevo unas tablas que ella ya conocía y en las que ya había celebrado su pasión por la Copla, pero ayer todo tomaba un matiz distinto: al género que la dio a conocer se unía un disco, «Castillos de sal» que se presentaba en directo al gran público en este teatro y que venía a ser el leitmotiv de este recital.

No dio vueltas ni esperó a entrar en contacto con el público: «Castillos de sal» sería el tema con el que Laura abriese el espectáculo. Apoyada en una imagen más juvenil y cándida, la gaditana sorprendió con su cambio de registro, dejando a un lado el caracter y dosificando su fuerza escénica. A esta primera intervención siguieron «La musa y el pintor«, «Mejor» y «Princesa«, temas con las que Laura (muy emocionada por la situación) presentó su debut y en el que volvimos a ver que la Gallego es una artista de directos más que de estudio, pues al escuchar estas canciones por primera vez en directo, se veía como todas ellas ganaban al estar Laura más libre para interpretarlas y matizar cada momento.

El cuarteto de temas que abrieron el concierto se quedaron finalmente como el único cuadro dedicado al disco: la voz en off de Laura, con un tono simulando el de una señora gitana de cierta edad, anunciaba que aquello cambiaba de tercio y que la Laura Gallego que venía a cantarnos sus nuevas canciones se iba para recuperar a la de siempre. Dicho y hecho: vestida de amarillo y fucsia y acompañada de un capote, Laura volvió al escenario para recrear «Una cantaora» por bulerías. Versión muy libre y muy a su manera en el que sacó afuera esa garra que había escondido previamente. Le siguieron unos fandangos, «La loba» y «Embruja por tu queré«, de nuevo en clave flamenca, acompañada solo de la guitarra. Cumplió su máxima de que «puede hacer lo que quiera e igualmente lo hará bien porque es Laura Gallego«. Creadora e interprete como pocas, la libertad que le da el directo nos permite ver a una artista que demuestra siempre que lo suyo parece innato.

Y del flamenco, pasamos a la copla: un nuevo cambio de vestuario, del traje de flamenca  a la bata de cola, nos traía a la Laura más coplera, a la que mueve los volantes y el abanico a su antojo y que se entrega por completo a su público. «Vendedora de coplas«, «Mis Tres Puñales» y «Con ruedas de molino» dibujaron una curva ascendente, pasando por la copla tradicional, al caracter que se le imprime al género cuando se une al flamenco, para terminar en la majestuosidad de la canción de Rocío Jurado que es todo un mano a mano entre artista y músicos en el que Laura resultó claramente vencedora. Dejando a un lado la metáfora, la del Algar optó por recogerse y hacer una copla más intimista, acompañada a piano y casi con el teatro entero a oscuras: «Tengo Miedo«, «Te he de querer mientras viva» y «La lirio» volvieron a liberar a una artista que ahora no quería tanta intensidad y prefería jugar con la teatralidad del género. Una forma de hacerlo todo más informal que dio paso a la única copla que aparece versionada en su disco, «Mi niña Lola«, que el público (temeroso de que ese fuese el final) no quería escuchar y esperar a que llegase más adelante. Pero el final esta vez sería distinto, no fue copla, sino canción melódica lo que Laura tenía preparado para despedirse: «Contigo» y «En el punto de partida» pusieron el broche final a este concierto que se remató, por sorpresa, con la «Encrucijada«, en la que Laura bajó del escenario y se acercó al público que no paró de vitorearla y de entregarle flores y piropos.

El gran tema de Marifé supuso el final de un concierto que empezó como la presentación de un disco pero que derivó en una muestra de la Laura Gallego más coplera y flamenca. Vimos así las tres caras de una misma artista (vestida en esta ocasión por la diseñadora sevillana Pilar Rubio) que se mueve entre muchos estilos pero que, eso sí, está hecha para el directo.