Se ha convertido por méritos propios en el gran showman de la moda flamenca, en el diseñador que sabe que el público no solo va a ver volantes, también va a disfrutar del espectáculo, a entretenerse y a disfrutar. Y en un año en que parecía que había que controlarse y comedirse, Antonio Gutiérrez decidió que el mejor recuerdo para su Padre es el que se acompaña de una sonrisa, que la moda flamenca, por más que se vista de negro, siempre será alegría, que el espectáculo debe continuar y que un ‘Souvenir‘, si se sabe elegir, se queda contigo para siempre. Así que como se dice cuando empieza la función: pasen, vean y disfruten.

Una sutileza vale más que mil plañideras. Si algo aprendimos hace cinco años en cierto desfile de SIMOF es que cuando unes la moda flamenca a un homenaje póstumo, lo mejor es decirlo todo sin palabras, sean dichas o cantadas. Parafraseando a Luis Cernuda: «No decía palabras […] Aunque sólo sea una esperanza, porque el deseo es pregunta cuya respuesta nadie sabe

No hacía falta explicarse, el homenaje lo ponían los volantes, el color clásico, la sensibilidad de unas modelos volcadas con la narración e interpretación que les hizo llegar su autor y la esencia de unos años 60 y 70 donde una pareja de jóvenes dieron forma a algo más que un souvenir.

La colección ¿clásica? de Gutiérrez. Desde ‘Lo prohibido’ hasta este ‘Souvenir’ pasando por ‘Flamenca Invader’ hemos comprobado que el carácter de showman de Antonio sigue intacto, que sus desfiles no se entienden sin ser un espectáculo irreverente y que en sus colecciones se despliega la creatividad con dosis de desenfado y de picardía. Pero, aún así, estas tres colecciones son también las que asientan el estilo personal de un diseñador que ha dejado de ir picando para encontrarse consigo mismo. Observen si no: el largo midi, la inspiración setentera más kistch y plástica, los escotes y mangas generosos, las aberturas en faldas o el vuelo en las mismas siempre están con la flamenca Gutiérrez.

En esta colección lo hacen homenajeando una figura que lo condensa todo, y no es otra que la conocida flamenca de la postal, esa que en su posición fija en el tablao era un souvenir patrio de papel, hilo y tela, que ya aparecía en el cartel de la colección y que en el desfile daba la base del estilismo para las modelos y de varios de los diseños.

Granada en Souvenir. Lo que podría haber dado una idea para una colección entera aquí se queda como el cierre que remite directamente al origen del diseñador: la Granada más genuina versionada aquí a partir de los colores y la iconografía del callejero de Granada, tomando las pinturas desiguales en azul, verde aguamarina y blanco que tanto caracterizan a la ciudad (y parte de su provincia) y que guardan bastante relación con el chovinismo local. Un guiño y una forma de unir la ciudad y la moda flamenca de una manera muy personal y vistiendo de pureza un momento de emotividad.

Nadie puede escapar a su naturaleza. Pero nadie. Antonio Gutiérrez sabía que, llegados al final del desfile, con todo el público sabiendo que la colección era en honor a su padre, con el deber hecho, con el homenaje entregado y con el discurso ya realizado, solo le quedaba una cosa para que el final fuese acorde a un pase que buscaba recrear los buenos momentos en vez de lamentarse con los malos. Y eso era saltarse el guión, poner a Ladilla Rusa y que las modelos hicieran el resto, generando un fin de fiesta y un petardazo digno de discoteca de ambiente que recordase quién era el que desfilaba. La elección incluso de la canción tenía poco de baladí, porque la misma tenía un giro en la historia que bien es aplicable a este ‘Souvenir’… Y es que Antonio también es una enamorada, una enamorada de cualquier mariconada.

Nuestra selección: nos quedamos con el conjunto de chaqueta torera y falda bordada, el traje en midi de lunares naranjas o el de estampado azul y aguamarina.

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