Hace un tiempo leí una frase (cuya autoría no he logrado localizar a pesar de haberlo buscado por google) en la que se decía que un icono de estilo de verdad es Isabel II, Reina de Inglaterra. La razón era muy sencilla: es una mujer que a lo largo de su vida ha sido fiel a su estilo y ha sabido mantener la elegancia en su armario a pesar de moda y del paso del tiempo. Y eso, damas y caballeros, es verdad: que una persona haya pasado medio siglo dando la sensación de que viste igual pero sin aparentar que luce desfasada o demodé es un merito (de estilo) al alcance de unos pocos.

Más o menos igual pasa con Lina: la gran maison flamenca no hace de oráculo ni de Santo Grial al que debemos acudir con los volantes, pero si se mantiene como un icono que ha hecho de la atemporalidad su mejor aliado hasta el punto de que, sea el año que sea, su flamenca será perfecta. Porque su mejor flamenca es la que hace que “Lina sea Lina“. Sin experimentos o artificios (eso que lo hagan otros), con volantes de capa, con ese escote que solo marcan en la casa, con ese poner el mantoncillo o arreglar los estilismos, con esa gitanería que acompaña al negro, con esa pasión del rojo, con ese blanco que cuando cae en esos patrones de la calle Lineros nadie, absolutamente nadie, podría superar.

Cualquiera de las palabras del anterior párrafo bien podría aparecer cada vez que hablamos de la firma, pero eso es lo Esencial de Lina, esa colección que abre siempre sus desfiles y que cada año se muestra como más necesaria para entender de donde viene el traje de flamenca y cual es el concepto clásico que se debería de respetar (sobre todo por quienes creen que lo clásico es otra cosa). En el ‘Río de Rosas‘ vemos un despliegue de acuarelas junto a estampados costumbristas, nejas abiertas con abertura en forma de godé, combinaciones de dos piezas donde la exquisitez de los tejidos es la nota dominante o un colorido que, sin rozar lo chillón, destaca por sí solo. Así es como la firma madre nos regala un ramillete de flores perfecto para las fiestas de primavera: sin juegos, sin medias tintas, siendo ella misma y sabiendo que si, que estamos en 2018, pero su flamenca jugará sus bazas para encandilarnos hoy y siempre.

En líneas generales: Lina une las principales ideas de la temporada a su flamenca sin desdibujarla y mostrando que clasicismo y versatilidad pueden ir de la mano en talles altos con volantitos, escotes a la cajas, cortes o combinaciones de tejidos o estampados florales de actualidad.

Destacamos: los volantes al hombro han vuelto. Y con los de esta colección ya no hay excusas para darles la espalda.

Destacamos (2): si algo saben en Lina es interpretar, masticar y adaptar lo que se está llevando en la flamenca más innovadora o arriesgada y traducirlo de manera coherente al estilo clásico (¡Al suyo!). Y eso, créanme, es una lección de la que muchos debemos aprender.

Nuestra selección: nos quedamos con el traje de volantitos en rosa palido o el estampado floral de mangas húngaras. De la parte Esencial destacaríamos en especial la combinación de traje en color marsala/burdeos con mantoncillo en rosa pastel.

Lina tiene su tienda en Sevilla, Calle Lineros 7.
Contacto: lina@lina1960.com
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